El discurso libertario contra la obra pública fue una de las banderas más explotadas por Javier Milei en campaña, pero la realidad de la gestión terminó forzando grises presupuestarios. Aunque el Gobierno abandonó la mayoría de los proyectos heredados de la gestión de Alberto Fernández, mantuvo con respirador artificial algunos trabajos de mejoras ferroviarias y tramos de rutas que cuentan con financiamiento de la CAF, créditos que el Estado está obligado a reponer.
Sin embargo, la sintonía fina del ajuste chocó de frente con la macro. La feroz baja de la recaudación, que en febrero rozó el 10%, dejó las arcas del Tesoro en rojo. Como ya se adelantó, esta sequía de fondos podría extenderse hasta mayo, dejando a Luis "Toto" Caputo en una encrucijada: cómo sostener el relato del superávit fiscal sin terminar de quebrar la cadena de pagos.
La gestión de la obra pública bajo el ala de Caputo tuvo capítulos curiosos. El ministro llegó a habilitar pequeñas obras de manera "clandestina" en municipios alineados con la Casa Rosada. Según revelaron intendentes del interior bonaerense, el pedido de Economía fue tajante: hagan la obra pero no pongan carteles, para no dinamitar la narrativa oficial de que la obra pública "se terminó".
Pero el esquema de pagos, que venía cumpliéndose a cuentagotas, se cortó. "El problema de Caputo es que la caída de la recaudación es bestial y la única manera de sostener el superávit es patear todos los gastos del Estado que pueda", confió a este medio un técnico experto en Presupuesto.
Ante la falta de pesos, Caputo activó el plan financiero. Convocó a los empresarios de la Cámara de la Construcción (Camarco) para la semana que viene con una propuesta bajo el brazo: un bono para cancelar las deudas acumuladas, similar al Bopreal utilizado con los importadores.
La idea del Palacio de Hacienda es que, en nombre del "libre mercado", el bono sea de aceptación voluntaria y pueda negociarse en el mercado secundario. Sin embargo, el clima en Camarco es de un rechazo total.
Entre los constructores la pregunta que circula es una sola: ¿Quién va a querer comprar un bono de la "vilipendiada" obra pública argentina? La desconfianza es total. Los empresarios no olvidan que tanto Milei como el propio Caputo tildaron sistemáticamente a la infraestructura estatal como un "curro de la política". Ahora, el mismo ministro que los defenestró les pide que acepten papeles de deuda para que el Gobierno pueda seguir exhibiendo una planilla de Excel con saldo positivo, mientras la economía real ingresa en una zona de peligrosa estanflación.