En medio de la escalada bélica que sacude Medio Oriente, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, manifestó su respaldo al nuevo líder supremo de Irán, Seyed Mojtabá Jameneí, y ratificó el compromiso de Moscú con la República Islámica.
El mandatario ruso envió un mensaje oficial tras la designación del nuevo guía religioso y político iraní, en el que transmitió su “apoyo inquebrantable” a Teherán en el actual contexto internacional.
“Ahora, cuando Irán enfrenta una agresión armada, su labor en este alto cargo, sin duda, requerirá gran valentía y abnegación. Estoy seguro de que continuará con honor la obra de su padre y logrará unir al pueblo iraní frente a duras pruebas”, afirmó Putin.
En su mensaje, el jefe del Kremlin también reafirmó la alianza entre ambos países y expresó la solidaridad de Rusia con el gobierno iraní.
“Rusia ha sido y seguirá siendo un socio fiable de la República Islámica”, sostuvo el presidente ruso, quien además remarcó la “solidaridad con los amigos iraníes” frente al escenario de conflicto que atraviesa la región.
Putin se dirigió directamente al nuevo líder supremo para desearle éxito en su gestión y fortaleza para afrontar los desafíos políticos y militares que enfrenta el país.
En ese sentido, le expresó “éxitos en la resolución de las difíciles tareas que tiene por delante”, además de desearle “buena salud y fortaleza de espíritu”.
El mensaje llega poco después de que el mandatario ruso transmitiera sus condolencias al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí, quien durante décadas fue la máxima autoridad política y religiosa de la República Islámica.
En esa comunicación, Putin destacó la figura del fallecido líder iraní y su papel en el vínculo entre Moscú y Teherán. Según afirmó, en Rusia será recordado como “una destacada figura política que hizo una enorme contribución al desarrollo de las relaciones” entre ambos países.
El presidente ruso también condenó el asesinato del líder supremo iraní, al que calificó como una acción contraria a las normas internacionales.
Para el Kremlin, se trató de una “cínica violación de todas las normas de la moral humana y el derecho internacional”, una declaración que vuelve a poner de manifiesto el alineamiento político entre Moscú y Teherán en un momento de fuerte escalada geopolítica.