El freno de la actividad dejó de ser una percepción difusa y se convirtió en dato concreto. Suspensiones, despidos y endeudamiento para cubrir gastos corrientes configuran un escenario que golpea de lleno en los hogares. Sin embargo, ese deterioro aún no altera de manera decisiva el mapa político: el presidente Javier Milei y La Libertad Avanza siguen encabezando las proyecciones de cara a 2027.
Un relevamiento reciente de Opina Argentina, dirigida por Facundo Nejamkis, muestra un corrimiento preocupante en la economía doméstica. En febrero, el 39% de los consultados admitió que no logra cubrir sus gastos mensuales, siete puntos más que el mes anterior. Otro 40% aseguró que llega “con lo justo”, sin margen para ahorrar, mientras que apenas el 20% mantiene capacidad de ahorro, proporción que continúa en descenso.
La comparación con enero expone el deslizamiento: parte de quienes antes alcanzaban a cubrir sus compromisos básicos pasaron ahora al grupo que directamente no llega a fin de mes. Ese desplazamiento anticipa un aumento del endeudamiento, una de las estrategias más extendidas para sostener el consumo en el actual contexto.
El deterioro material empieza a reflejarse en el ánimo social. Quienes creen que su situación personal empeorará en los próximos meses subieron al 48%, el registro más alto desde el inicio de la gestión libertaria en diciembre de 2023. En sentido inverso, las expectativas positivas retrocedieron hasta el 25%, también el nivel más bajo del período.
El malhumor encuentra una explicación en la percepción sobre la inflación. Según un estudio de CasaTres3, el 48% considera que el Gobierno no está logrando reducir los precios.
Un 24% opina que la desaceleración existió, pero se interrumpió, y otro 24% sostiene que la política económica encabezada por Luis Caputo continúa moderando la suba del costo de vida, algo que -de acuerdo con los datos oficiales del INDEC- no ocurre desde mayo del año pasado.
Así, el que supo ser el principal capital político del oficialismo comienza a erosionarse. La baja de la inflación, eje central del discurso libertario, pierde potencia como argumento frente a una sociedad que percibe estancamiento en ingresos y empleo.
No obstante, el desgaste económico todavía no se traduce en un vuelco electoral. Un sondeo de CB Global Data indica que el 28,4% afirma que “seguro votaría” a La Libertad Avanza en 2027, configurando su núcleo duro. Si se suma el 11,1% que “podría votarla”, el oficialismo alcanza un potencial del 39,5%. En contraste, el 50,6% declara que jamás acompañaría esa opción.
La principal fuerza opositora, Fuerza Patria, aparece por detrás. Su voto consolidado llega al 24,7% y su techo potencial al 32,5%, siete puntos menos que el oficialismo, con un rechazo que supera incluso al de La Libertad Avanza.
En la medición de dirigentes, Milei retiene prácticamente el mismo caudal que su espacio: 28,7% de voto seguro y 10,5% probable, lo que lo ubica en torno al 39%. El gobernador bonaerense Axel Kicillof se posiciona en segundo lugar, con 19,3% de adhesión firme y 11,6% potencial. Más atrás quedan la vicepresidenta Victoria Villarruel, el ex secretario Guillermo Moreno, la diputada Myriam Bregman y el pastor Dante Gebel.
El cruce de tendencias deja una paradoja abierta. Por un lado, la economía muestra señales de fatiga cada vez más visibles: menos empleo, más hogares en rojo y expectativas en retroceso. Por el otro, el oficialismo conserva una base sólida y una ventaja relativa frente a una oposición fragmentada, que todavía no logra capitalizar el malestar.
La incógnita que empieza a instalarse es cuánto puede sostenerse esa desconexión entre la realidad económica y el comportamiento electoral. Por ahora, el malestar no se traduce en un reordenamiento político. Pero la historia reciente sugiere que, cuando una percepción social se consolida, la política no acusa recibo hasta que se traduce en derrota.