Dinastía Pahlavi y occidentalización
La instauración de la República Islámica de Irán es el resultado de la revolución iraní de 1979, la cual ha sido el corolario de un complejo proceso socio-histórico que atravesó la sociedad persa durante el siglo XX, marcado por las tensiones entre fuerzas modernizadoras occidentales y tradicionales islámicas. Durante este período, Irán experimentó el establecimiento de una monarquía parlamentaria en 1925, con el ascenso de la dinastía Pahlavi. Ésta se sostendría en la eliminación del Islam como fuerza política, social y cultural de Irán, a través de una serie de reformas modernizadoras en pos de implantar una sociedad de estilo occidental. Este régimen encontraría en Estados Unidos y Reino Unido, especialmente luego de la Segunda Guerra Mundial, sus principales aliados. Ambas potencias poseerían un fuerte control sobre la explotación de los recursos petroleros iraníes a través de la Anglo Iranian Oil Company, fundada en 1909.
Con la nacionalización del petróleo iraní en 1951 fomentada por el entonces primer ministro Mossadeq, se dio el golpe de Estado perpetrado en 1953 que depuso al entonces primer mandatario impulsado por Washington y Londres. Esto recrudeció el régimen represivo del Sha Reza Pahlavi. De este modo, la occidentalización fomentada por Pahlavi encontró una fuerza opositora en la reislamización de la sociedad iraní, encarnada por la ascendente figura del Ayatolá Jomeini, el clérigo iraní exiliado en París que representó la principal oposición al Sha aglutinando distintos sectores sociales.
La Revolución de 1979 y el establecimiento de la República Islámica
La caída de la monarquía Pahlavi e instauración de la República Islámica dio lugar a un complejo sistema político de soberanía dual (divina y popular) representada en dos esferas de instituciones que funcionan de árbitros y contrapesos: la esfera clerical y la esfera política. En la primera se encuentran la figura del Jefe de Estado (Líder Supremo), junto con el Consejo de Guardianes (institución colegiada que vela por la supremacía de Islam sobre las leyes promovidas por el parlamento), la Asamblea de Expertos (órgano colegiado de 88 funcionarios elegidos por voto popular que vela, supervisa y nombra al Líder Supremo en conformidad previa al Consejo de Guardianes). En la esfera política se encuentra la estructura republicana de los tres poderes: ejecutivo (a cargo del presidente), el legislativo (encarnado por la Asamblea Consultiva Islámica) y el judicial.
El triunfo de la revolución de 1979 también supuso un giro en su proyección internacional. Irán se alejaría de Occidente estableciendo a Estados Unidos e Israel como sus principales amenazas. Con las sanciones económicas implantadas por la administración de Clinton en los ‘90, Irán se vio aislado paulatinamente (tanto en materia política como económica) lo que lo obligó a forjar relaciones con Rusia y China. Sin embargo, las consecuencias de dichas sanciones han afectado a las condiciones de vida de la sociedad iraní, lo que ha puesto en cuestionamiento la legitimidad del régimen de los Ayatolás. Las recientes manifestaciones de comienzos de año, iniciadas por la protesta de comerciantes del Gran Bazar en Teherán por la situación económica son muestras de ello.
La muerte del Ayatolá Jamenei: desestabilización regional y crisis institucional
La muerte del Líder Supremo Alí Jamenei, perpetrada por los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Teherán el pasado fin de semana, lo pone al régimen iraní en una encrucijada: el sostenimiento de la legitimidad del sistema y la posibilidad de encontrar un sucesor que encauce la crisis. En primer lugar, resulta pertinente diferenciar el reciente caso de Venezuela con el de Irán. En este caso, la complejidad del sistema político iraní y su sistema de contrapesos dificulta el aniquilamiento del régimen de los Ayatolás vaticinado por Trump. La articulación de las instituciones, tanto clericales como políticas, del sistema político iraní es el factor clave al cual mirar en razón de la elección del nuevo Líder Supremo y el sostenimiento de su legitimidad.
La superación de este escollo institucional se convierte en la llave para destrabar la situación internacional de Irán. La cual no solo supone el aislamiento del país producto de las sanciones económicas, sino también el aislamiento regional debido a que Irán profesa la rama minoritaria del Islam que es el chiismo, a diferencia del resto de los países de la región del Golfo Pérsico que profesan el sunismo.
Otro factor que complejiza la situación de Irán es su rol de pivote geopolítico regional. Es decir, la estabilidad del país incide en la estabilidad de la región, no solo por su rol de productor de petróleo y gas que incide en los precios del mercado global, sino en el control del estrecho de Ormuz que representa una de las principales rutas comerciales. Una creciente escalada del conflicto implicaría un aumento de los precios del petróleo incidiendo en el comercio mundial.