El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, decidió acelerar la construcción de su proyecto político nacional con la intención de posicionarse como una figura central dentro del esquema opositor al presidente Javier Milei.
A diferencia de su campaña de 2019, cuando recorrió territorio bonaerense con una estructura reducida y fuerte impronta territorial, el nuevo desafío implica una expansión logística y política mucho más ambiciosa.
Durante los últimos meses, el mandatario provincial comenzó a impulsar núcleos del Movimiento Derecho al Futuro en distintas regiones del país con el objetivo de fortalecer su armado electoral y darle volumen federal a su estrategia. El despliegue se articula a través de dirigentes de máxima confianza que funcionan como operadores políticos en el interior.
La estructura está integrada por funcionarios bonaerenses como Carlos Bianco, Gabriel Katopodis, Cristina Álvarez Rodríguez y Andrés Larroque, además de intendentes con peso territorial como Jorge Ferraresi y Fernando Espinoza, junto al histórico dirigente peronista Julio Pereyra.
Por ahora no existe una fecha definida para el desembarco personal de Kicillof en otras provincias, aunque en su entorno aseguran que será un paso clave para consolidar su proyección nacional. Dirigentes del interior observan con expectativa ese movimiento y consideran que el gobernador es uno de los pocos referentes con intención concreta de construir una alternativa federal dentro del peronismo.
En el kicillofismo sostienen que algunos dirigentes provinciales permanecen en una zona de comodidad política y evitan impulsar un debate nacional dentro del justicialismo. Cerca del gobernador advierten que esperar definiciones internas del peronismo bonaerense para activar estrategias opositoras constituye “una excusa berreta” que frena el armado político frente al oficialismo libertario.
Uno de los desafíos centrales del proyecto apunta a consolidar presencia en el núcleo electoral del país, conformado por Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
Esas provincias concentran una porción significativa del padrón y representan territorios históricamente esquivos para el kirchnerismo. En el entorno del mandatario reconocen esa dificultad, aunque consideran que existe margen para reconstruir vínculos políticos y electorales.
La estrategia contempla reformular el diálogo con sectores productivos y sociales del interior sin renegar de la identidad peronista. “Puede hablarle a los ciudadanos de cada provincia sobre lo que les interesa”, señalan en La Plata, convencidos de que el gobernador puede romper prejuicios sobre el posicionamiento del peronismo bonaerense respecto a las economías regionales.
El primer paso para abrir ese canal político fue el diálogo institucional con gobernadores de distintos espacios. Kicillof mantuvo conversaciones con Martín Llaryora por la reforma laboral, con Maximiliano Pullaro por el conflicto policial en su provincia y con Ignacio Torres en el marco de los incendios forestales del sur. Son intercambios vinculados a la gestión, aunque en su entorno creen que podrían convertirse en puentes políticos hacia el futuro.
También mantiene conversaciones con mandatarios peronistas como Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, quienes durante la gestión libertaria mantuvieron acuerdos legislativos con el oficialismo. En el kicillofismo consideran que el armado opositor requiere integrar a todos los sectores del peronismo, incluso aquellos que hoy mantienen vínculos con la Casa Rosada.
Dentro del espacio peronista circula la idea de construir una coalición amplia capaz de enfrentar electoralmente al oficialismo. El objetivo es articular voluntades provinciales y construir un programa político común que permita disputar el poder nacional. Incluso en escenarios adversos, la estrategia contempla reducir márgenes de derrota en territorios donde el peronismo tiene menor inserción electoral.
La referencia histórica aparece en el armado del Frente de Todos que llevó al poder a Alberto Fernández junto a Cristina Kirchner en 2019, cuando el justicialismo logró recomponer competitividad electoral en distritos adversos.
Sin embargo, la construcción nacional convive con tensiones internas. Kicillof mantiene diferencias abiertas con sectores de La Cámpora. Tras acordar la renovación de autoridades del Partido Justicialista Bonaerense, el nuevo foco de conflicto gira en torno a cargos estratégicos dentro del Senado provincial.
El kicillofismo busca garantizar la vicepresidencia primera del cuerpo para Ayelén Durand, un puesto clave en la línea sucesoria institucional que actualmente encabeza la vicegobernadora Verónica Magario. El control de esa estructura es considerado central para consolidar la conducción política del gobernador.
Las diferencias con el cristinismo siguen latentes. El vínculo político entre Kicillof, Cristina Kirchner y Máximo Kirchner atraviesa uno de sus momentos más tensos y sin canales de diálogo fluido. La definición del rol que cada sector asumirá en la próxima contienda electoral será determinante para establecer si el peronismo logra construir un proyecto de unidad o avanza hacia una fractura más profunda.
Mientras el calendario electoral comienza a marcar los tiempos políticos, Kicillof apuesta a consolidar una identidad propia dentro del peronismo y proyectar su liderazgo más allá de Buenos Aires. El desafío es doble: construir volumen nacional sin romper los equilibrios internos de un movimiento que todavía busca redefinir su rumbo tras la derrota electoral.