Por: Nicolás Mujico
Las viejas formas de vida política aburren. Lo nuevo, entretiene. ¿Cómo se construyó este mundo de fantasía? Gobernar ya no es poblar ni crear trabajo. Es inventar, aunque mas no sea un mundo imaginario. No es ejercer el poder, que va por otro carril. Apenas entretener. Saturar al elector y al ciudadano, no dejarle paz ni pausa.
Las criaturas libertarias fueron ingresando en el imaginario colectivo que las fue aceptando por el valor lúdico que tenían. Sin embargo, presentaban una carga ideológica que pronto comenzó a manifestarse. Una forma de entretener diría Ariel Dorfman en su ya célebre “Para leer al pato Donald”, implica la victoria sobre otras. El debate en paneles de televisión, el streaming prevaleció sobre el sketch, la imitación y la caricatura que tuvieron presencia en la crítica política al poder durante décadas. Los panelistas se metieron hasta en las sábanas cuando los internautas “miran a las señoritas”
El invisible y clonado perro Conan, tan ficcional como el perro Pluto, símbolo elegido por el presidente en el bastón presidencial, ocupo largas horas del debate en la agenda pública. Mientras la mascota y su dueño estén en el gobierno, los poderosos reales, pueden descansar tranquilos. Pluto es el único animal entre tantos animales. El único que camina en cuatro patas entre tantos seres antropomórficos y parlantes. Mascota de Mickey, a veces de Donald, siempre intentando reparar el daño de sus travesuras en busca del amor de sus amos. En búsqueda del hueso, arrastra el mantel y la mesa puesta.
¿Por qué la tentación de utilizar estos personajes de ficción, aunque reales, para llevar adelante la batalla cultural? Porque ninguna fuerza política estuvo dispuesta a dar la disputa ideológica. El gobierno de Mauricio Macri convocó con vergüenza, cadena nacional y pedido de disculpas, al FMI a salvar a su gobierno. Ajustó pero siempre, justificando sus actos en acciones desmedidas de la gestión anterior. Jamás se cuestionó el trasfondo ideológico profundo. Javier Milei, su hermana y su perro invisible, plantean modificar la cultura politica y, para eso, hay que ir al hueso. Decir que es una aberración la justicia social, es la síntesis del objetivo que se persigue. La búsqueda es quebrar las barreras de contención que la comunidad, la sociedad, la vecindad o cualquier organización política colectiva y comunitaria, creó para limitar el poder del capital. Postular que el Estado no se tiene que hacer cargo de la educación, la salud, la discapacidad, la vejez y la niñez, es la distopia que persiguen. Para decir ciertas cosas, mejor la ficción que la realidad de la politica.
Ser libertario, o simplemente liberal, es una contraseña, un código, un pasaporte para cruzar las fronteras del pudor, de la moral de lo correcto. Es, en definitiva, el puente para decir lo que verdaderamente se piensa de todas las cosas (y decirlo con crueldad si hace falta). Son, curiosamente, tal como se describiría a los expulsados de Disneylandia: Soeces, inmorales, agitadores políticos, calculadores y amargados, subvertidores de la paz del hogar y de la juventud y antipatrióticos. Aun así, capitalistas y ridícula y extemporáneamente anticomunistas.
Los libertarios crearon una literatura que se retroalimenta con sus lectores-electores. El nuevo contrato social se reafirma cada día a través de las interacciones en las redes sociales. Un lenguaje que incluye tópicos cuyo fin es demostrar que se tiene razón o que no se la tiene pero, aun así, ciertos sectores no merecen convivir en el mismo mundo.
La nueva forma de entretenimiento, una vez más, juega con la idea de barbarie. Es necesario liberalizar la Argentina y barrer con la vieja politica, burra, bruta y corrupta. La modernización incluye la eliminación necesaria de esos personajes. "¡Viva la libertad carajo!, es un grito de guerra. La búsqueda de liberar a la sociedad de los que la capturaron durante un siglo para cargarla de regulaciones, de derechos sociales que la atan al atraso.
El conurbano es la frontera. Es “inestabilistan”, el Congo-urbano. En definitiva, es lo imposible de gobernar por medio de la gestión. Solo se puede atacar y reprimir y ofrecerle una fantasía, un entretenimiento. La modernidad del discurso, ligada a las actividades de la nueva economía de plataformas, a cambio de su apoyo. El despojo de sus derechos corre parejo al despojo que la Nación en su conjunto sufre, a cambio de ser parte de este mundo de fantasía en el que viven unos pocos. Pluto, debe congraciarse con sus dueños.
Al igual que los personajes de Disney, los miembros y militantes más destacados del gobierno no son progenitores. Hay, hermanas, “novias”, hay un sobrino, o quizá dos, que tienen tíos ricos, pero no hay hijos y por las dudas se esconde a los padres. Luego de dos décadas de discusión sobre ESI, la politica responde con personajes asexuados, que no vienen de ningún lado ni van a ninguna parte. “Una tiranía que no asume siquiera la responsabilidad del engendramiento” dirá Dorfman. Los personajes que marcan la hora no son ni productores ni reproductores. En esta sociedad fantasía, el valor está vinculado a la búsqueda del Oro. Al golpe de suerte, a lo financiero. Entre tanto, la industria política del entretenimiento. En una sociedad, que cada vez trabaja y produce menos, incluso menos hijos, el entretenimiento es cada vez mas importante y abarcativo: El arte, luego el deporte y ahora también la política. Todo se vuelve entretenimiento.
A lo Disney, la presunta perfección infantil, ha calado fuerte en la política donde se valora a quienes no provienen de ella. Los que no fueron contaminados con la adultez de la política. El peronismo, la UCR y el PRO, en ese orden, son la casta. Los libertarios son niños, inexpertos, enarbolando los grandes valores de la adultez: la libertad, el capitalismo y la competencia. Los adultos, “los padres”, dirá Dorfman, como el padre de Lobito, es un vagabundo negro y feo condenado a ser aleccionado por su hijo. Una serie de personajes nuevos aparecieron en el firmamento. Los emprendedores, los cripto zarazas, y los vendedores de cosas, falsos traders y toda clase de mercachifles ontológicos. El sujeto histórico de nuestro tiempo es un sujeto sin historia.
Al igual que los personajes de fantasía, siempre van en busca de fortuna. El tesoro libertario, en todo caso, está enterrado en la Argentina pre peronista, pre urbana, pre conurbana, pre soberana. El militante libertario al que se apela es aquel que no tiene otra ansia que la de conseguir dinero. Es apenas un poco más decente que el paraíso que ofrecen los narcos. Quizás allí radique su zona fronteriza y la cercanía de ciertos candidatos. No hay trabajo, no hay producción, no hay esfuerzo ni estudio. Tampoco ideales soberanos ni justicia. Libertad, es decir, desregular, es eliminar toda molestia para recoger el fruto, la pepita de oro que solo pueden recoger los que tengan el mapa para saber como llegar a la mina.
Las cosa no las produciremos nosotros, sólo nos dedicaremos a consumirlas y a venderlas. Todo vendrá de afuera y nosotros seremos ricos si solo retornamos a la argentina pre-peronista. Libertad, carajo, es también liberarse de la historia. De la casta que hizo la historia de los actores sociales que ahora molestan. Trabajadores, productores, industriales y agropecuarios, intelectuales, agentes de la cultura. Todo lo que sea crear y producir, esta bajo el signo de la casta y la sociedad de consumidores y vendedores de importados, financistas en pañales y mercadolibreros desean libertarse de ellos.
Decía Dorfman, Disneylandia “es un mundo ideal para la burguesía: se queda con los objetos y sin los obreros”. Los buenos, educados, trabajadores de los servicios, comerciantes preparados para el consumo y que solo desean libertad, se enfrentan a los malos, negros, grandotes, gordos, feos y sin dientes, y sobre todo trabajadores que vienen de lugares oscuros con su brutalidad evidente. Personas que no han sido educados para el consumo, y sobre todas las cosas, no lo merecen y que, bajo el nombre de justicia social, encubren la expoliación del dinero y la propiedad de los nacidos para ser libres. No quieren trabajar, porque no saben y porque son vagos, no merecen ningún tipo de asistencia. La reforma laboral entonces, es necesaria para poner blanco sobre negro. Que los indóciles, vagos e inútiles no consigan trabajo es en definitiva un acto de justicia liberal.
La riqueza es hija de la aventura. Quien no se atreva a asumir el riesgo no la merece. No hay ya merito en el oficio, en el trabajo paciente y cotidiano, en la vocación. Los libertarios dicen tener el mapa con el cual se accede a la riqueza si se sabe leer. El gobierno de Milei es una gran aventura que irrevocablemente saldrá mal, pero el escapismo es el pasatiempo preferido de la sociedad que arrastra años de frustración. El elector libertario, se entretiene viendo como el presidente castiga a los “culpables” del fracaso nacional. La modernización virtual, digital, comunicacional y tantas otras sin apoyaturas reales, son también la gran pepita de oro que rescatará a la sociedad Argentina. El entretenimiento posibilita convivir con el fracaso cotidiano, con las contradicciones, con la realidad inclinando cuerpo y alma hacia un futuro utópico, de fantasía que nunca llegará como el de cualquier revolución.
Los libertarios, como tantos, buscan la viralidad. La fama es la monetización del personaje político. La persona-personaje se vuelve, entonces, producto político-electoral: Oro. Es necesario, sostenerse todo el tiempo en las redes. En lo masivo. Desde la fama, se domina.
Este país de fantasía se encuentra enclavado en un mundo de fantasía donde Mickey, a diferencia de los otros personajes, está por encima de la competencia y de las divisiones. Equilibra y pacifíca cualquier circunstancia. Pluto es todo lo contrario. Está por debajo de todas las divisiones. Sólo sabe quién es su amo. En estos nuevos tiempos, ya no hace falta saber leer o disfrutar de Donald que ya no es un pato, aunque a cada paso se desprenda una inmundicia. Alcanza con saber que, a nosotros, nos toca alcanzarles el hueso como le toca hacer a Pluto.