La protesta policial de Santa Fe desgasta a Pullaro y convocan a penitenciarios para reforzar la seguridad - Política y Medios
11-02-2026 - Edición Nº6585

ROSARIO

La protesta policial de Santa Fe desgasta a Pullaro y convocan a penitenciarios para reforzar la seguridad

09:23 |El acuartelamiento informal paralizó buena parte del patrullaje y obligó a solicitar el respaldo de otra fuerza. Entre reclamos salariales y especulaciones por la agitación de Policías condenados, las tensiones escalan.

La protesta policial que estalló en Rosario se transformó en un foco de tensión creciente para el gobierno de Maximiliano Pullaro. Lo que comenzó como un reclamo salarial se expandió a distintas ciudades de Santa Fe, con un nivel de adhesión que desorganizó el funcionamiento de la fuerza y obligó a desplegar un esquema de emergencia para sostener la seguridad pública.

Sin conducción visible ni demandas unificadas, el conflicto se mantuvo abierto durante la noche del martes, sin avances en la negociación.

Funcionarios del Ministerio de Seguridad reconocieron cerca de las 20 que las conversaciones con los efectivos en protesta no lograron destrabar la situación. En Rosario, el epicentro del conflicto, decenas de patrulleros permanecían apostados frente a la Jefatura, rodeados por familiares de los policías que sostienen una presencia constante frente al edificio. La escena reflejaba el nivel de fractura interna que atraviesa la fuerza, con agentes movilizados y parte del servicio resentido.

La jornada había comenzado con un intento de contener el conflicto. El ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, admitió que existe un reclamo legítimo vinculado a la recomposición salarial, pero denunció la participación de sectores vinculados a efectivos detenidos por causas de corrupción que, según su interpretación, buscan profundizar la crisis. Como respuesta, dispuso el pase a disponibilidad y el retiro del arma reglamentaria a 20 agentes. Lejos de desactivar la protesta, la medida incrementó la tensión.

El impacto fue inmediato. La concentración frente a la Jefatura pasó de una veintena de móviles a cerca de 60 patrulleros con sirenas encendidas, en una señal de presión directa hacia la conducción política.

Pullaro, según trascendió, expresó su malestar por la presencia de manifestantes encapuchados, aunque durante la tarde y la noche comenzaron a sumarse efectivos que participaron a rostro descubierto, en un gesto interpretado como un desafío explícito a la cadena de mando.

“No quieren aflojar. Habían levantado el corte después de media tarde. Como no les dan soluciones volvieron a poner todos los móviles en la calle y se cortó todo de nuevo”, explicó un suboficial con diez años de servicio, mientras el ruido de las sirenas dominaba la zona cercana a la Jefatura.

El conflicto exhibe particularidades que inquietan al gobierno provincial. Por un lado, el volumen de agentes que se suman a la protesta aun sabiendo que pueden enfrentar sanciones administrativas.

Por otro, la escalada del reclamo pese a las advertencias oficiales por abandono de servicio. Y, en paralelo, el malestar de una fuerza que había recibido respaldo político en la estrategia de seguridad impulsada por Pullaro, pero que ahora denuncia exigencias operativas crecientes con salarios rezagados frente a la inflación.

Desde el Ejecutivo provincial reconocen las dificultades para negociar en un escenario fragmentado. “La anarquía reina dentro del reclamo”, sostuvo el secretario de Seguridad, Omar Pereyra, quien explicó que esa falta de conducción fue uno de los motivos por los que el ministro Cococcioni no participó de la mesa de diálogo.

Según detalló, el abogado Gabriel Sarla intentó actuar como intermediario, pero no logró consolidarse como vocero único ni sintetizar los planteos. “Tiene buena voluntad pero dos problemas: no sintetiza las demandas, que se multiplican todo el tiempo, y cuando vuelve a comunicar lo conversado no satisface a los que protestan. Así no es posible llegar a ningún acuerdo pese a la total voluntad para escuchar”, afirmó.

La crisis también tuvo impacto directo en la operatividad policial. Con más de la mitad de la flota regular fuera de servicio en Rosario, el gobierno debió recurrir a personal del Servicio Penitenciario para custodiar la zona de la Jefatura. Aunque no se reportaron hechos de gravedad, el esquema de patrullaje quedó reducido a un dispositivo de emergencia.

“No estamos en el nivel óptimo de 200 patrulleros por turno pero estamos cubriendo con un diagrama de emergencia entre quienes no se adhieren, otras direcciones generales y con refuerzos de otras regionales, por lo que tenemos cubierto el servicio del 911”, aseguró Pereyra, quien admitió que el conflicto ya repercute en las 19 unidades regionales de la provincia.

En medio del desborde, el Gobierno intenta sostener su narrativa sobre los resultados del plan de seguridad. Pereyra subrayó que los índices de delitos violentos se redujeron a la mitad, aunque reconoció que el reclamo policial responde a múltiples factores.

“Me pregunto qué cuestión tan fuerte tiene que haber para atacar un plan de seguridad que a la vista de todos está siendo exitoso”, planteó, y sugirió que detrás de la protesta existen sectores con resentimientos acumulados. Consultado sobre la eventual participación de policías exonerados, respondió de forma escueta: “Sí”.

Sin embargo, en las calles el reclamo aparece atravesado por el deterioro salarial y el impacto de la recesión económica. El malestar se expresó en paralelo con movilizaciones gremiales que también tuvieron lugar en Rosario contra la reforma laboral que se discutirá en el Senado y que cuenta con el respaldo de legisladores alineados con Pullaro.

Desde el área de Control Institucional, el funcionario Esteban Santantino también reconoció la dificultad para establecer un canal de diálogo efectivo. “No hay claridad conceptual, sobre todo acerca de qué es lo que se está reclamando, quién es el vocero que viene a hablar, en nombre de quienes realizan estas peticiones, para poder ser asertivos en las respuestas”.

“Entonces, no es una falta de voluntad ni una falta de recursos, sino que quizás, mejorando algunos aspectos de los canales de comunicación, vamos a poder destrabar este conflicto”, explicó.

Pero el panorama, entrada la medianoche, seguía sin señales de descompresión. “En la puerta de Jefatura sigue todo igual”, describió un comisario que participa de la protesta. “Todos los móviles están en la calle, del otro lado del paredón de Jefatura están los vehículos de la Motorizada. A esta hora no hay nada que desactive esto”, concluyó.

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