El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) difundirá este martes el dato de inflación de enero, en medio de la polémica por la renuncia de Marco Lavagna y la controversia en torno a la metodología para renovar precios.
Tanto el Gobierno como consultoras privadas estiman que el primer mes del año mostrará una inflación cercana al 2,5 %.
El IPC de enero llegará luego del cimbronazo que significó la salida de Lavagna, tras los desacuerdos internos sobre cómo medir los precios.
Estaba prevista una nueva metodología de medición del IPC, lo que implicaba actualizar la canasta de consumo y el método de cálculo, pero el Gobierno decidió postergarla hasta que el proceso de desinflación esté “consolidado”.
De hecho, el ministro de Economía, Luis Caputo, debió salir a dar explicaciones y negó que, con la nueva medición, la suba de precios se ubicaría en el 3,5 %.
En las útimas horas, se conoció la inflación de la Ciudad de Buenos Aires, que suelte anticipar el dato del INDEC. En el primer mes del año, arrojó un abrupto salto del 3,1 % en los precios porteños.
Lo que viene y la vida cotidiana
Los precios en bienes esenciales como alimentos, transporte y servicios públicos continúan en alza en la vida diaria, aun cuando las cifras oficiales mensuales se desaceleren. Por ejemplo, en ciudades como Buenos Aires la inflación en enero superó el 3,1 % en algunos sectores, con alimentos, hoteles y transporte entre las divisiones que más impactan a trabajadores y familias vulnerables.
La discusión alrededor del IPC también tiene un componente político: la controversia por los métodos de medición recupera viejas tensiones en torno a la confiabilidad de los datos oficiales, que ya habían sido cuestionados históricamente en otras etapas del país. El temor a la intervención política en estadísticas fundamentales resurge en el debate, con críticas sobre la postergación del nuevo índice justo cuando este podría mostrar tasas más altas de inflación que las cifras actuales.
Mientras el Gobierno celebra cifras de desaceleración, millones de personas sienten un ajuste continuo en sus presupuestos familiares. En ese contexto, la inflación deja de ser un número abstracto para convertirse en una variable de lucha social y política, donde la verdad de los datos oficiales importa tanto como las condiciones materiales de vida de la mayoría.