La actividad industrial volvió a encender alarmas en la recta final del año pasado. A la espera del dato oficial del INDEC sobre diciembre, distintos relevamientos privados anticipan que el sector manufacturero cerró 2025 con balance negativo y consolidó un proceso más cercano al estancamiento que a la recuperación.
Aunque el acumulado anual mostraría una mejora respecto al desplome de 2024, la comparación con años previos revela un deterioro estructural: la producción se ubicaría alrededor de un 9% por debajo de 2023 y cerca de un 10% inferior a 2022.
El principal cuello de botella aparece en la depresión de la demanda. Con salarios que aún no logran recomponerse, consumo interno debilitado y un crecimiento económico concentrado en sectores con baja absorción de mano de obra, la industria enfrenta un escenario sin un motor claro que impulse la producción.
Bajo ese telón de fondo, las proyecciones para 2026 se mantienen moderadas y conviven con el temor a una mayor competencia de productos importados en un contexto de apertura comercial más flexible.
Producción en retroceso y rebote estadístico
Las estimaciones que circularon en la antesala del Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI-INDEC) reflejan la persistencia de la fragilidad sectorial. En noviembre, el indicador ya había registrado una caída interanual del 8,7% y una baja mensual del 0,6% en términos desestacionalizados, confirmando la tendencia descendente.
El Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA) proyectó que en diciembre la actividad manufacturera retrocedió 3,5%. Según el análisis del consumo eléctrico y de la demanda industrial, desde la entidad remarcaron que la eventual mejora interanual frente a 2024 responde a un efecto estadístico más que a un proceso genuino de expansión. En ese sentido, advirtieron que "en gran medida fue debido al bajo nivel de comparación”.
La mirada hacia atrás profundiza el diagnóstico. Al contrastar con 2023, desde la UIA señalaron que “la actividad industrial aún se encuentra un 9% por debajo”, mientras que la brecha se amplía frente a 2022, con un retroceso cercano al 9,8%. En ese escenario, “sólo las industrias vinculadas a la cosecha lograron una recuperación (+5,4% versus 2023)”.
El deterioro industrial tiene su corolario en algunos rubros clave para el entramado productivo, con mayor impacto en la vida cotidiana. La producción asociada a la construcción continúa entre las más afectadas, con caídas superiores al 20% respecto a 2022 tanto en los despachos de cemento como en el índice Construya, que mide la venta de insumos para la actividad.
El sector automotor tampoco logra revertir la tendencia. Las proyecciones indican que la fabricación de vehículos registraría una baja del 3,1% frente a 2024 y del 8,6% respecto de tres años atrás. En paralelo, el patentamiento de maquinaria industrial cayó 14,3% frente a 2022 y el consumo eléctrico de grandes usuarios fabriles retrocedió 10,6%.
La industria metalmecánica también muestra señales de debilidad, con una contracción del 0,5% interanual respecto a 2024 que se profundiza hasta el 13,3% si se la compara con el nivel previo al inicio de la gestión de Javier Milei. A esto se suma el retroceso en las exportaciones hacia Brasil, que descendieron 4,7% frente al año pasado y 1,2% respecto a 2022.
Según las estimaciones sectoriales, “el nivel acumulado la actividad industrial aún se encuentra estancado en los mismos niveles del cuarto trimestre 2024, y en torno a un 9% por debajo de 2022”.
El mapa productivo muestra una recuperación concentrada en actividades vinculadas al agro, especialmente la cadena de oleaginosas, y en la refinación de petróleo impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta.
En contraste, los sectores más orientados al consumo interno continúan en retroceso, entre ellos el textil, la indumentaria, el calzado, el complejo metalmecánico, el caucho, el plástico y los insumos para la construcción.
La debilidad de la demanda aparece como el principal límite para la reactivación. La última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC mostró que el 52,3% de los empresarios industriales identifica a la “demanda interna insuficiente” como el factor central que restringe la expansión productiva.
La consultora Orlando J. Ferreres coincidió con ese diagnóstico. Según su índice de producción industrial, “con la actividad económica estancada, la industria retrocedió 5,7% interanual en diciembre”.
De acuerdo con ese relevamiento, el cierre de 2025 habría mostrado una mejora marginal del 0,6% frente al año anterior, resultado que describieron como un desempeño “de mayor a menor”, con un inicio que insinuaba un rebote más sólido y un cierre marcado por el deterioro.
Las proyecciones hacia 2026 abren un panorama cargado de incertidumbre. Si bien desde algunos análisis privados destacan la posibilidad de un mayor acceso al crédito productivo, advierten que la industria enfrenta riesgos adicionales vinculados a la apertura comercial y a la persistente debilidad del consumo masivo.
En el actual esquema económico, la industria y la construcción aparecen entre los sectores más afectados, incluso liderando la pérdida de puestos de trabajo. A diferencia de otras actividades que muestran crecimiento -como el agro, la minería o la intermediación financiera-, donde el impacto en la generación de empleo es considerablemente menor.
Según datos del centro CIFRA-CTA, la industria y la construcción acumularon en conjunto 122.800 puestos de trabajo perdidos, lo que representa cerca del 70% del total de empleos destruidos. Desde el organismo señalaron que ambos sectores son “los que más han retrocedido en su nivel de actividad, afectados por las actuales políticas económicas”.
El retroceso industrial también se refleja en el cierre de empresas a lo largo del país. Un informe del Instituto Argentina Grande indicó que, en términos absolutos, la mayor pérdida de unidades productivas se concentró en Buenos Aires (-5.621), Córdoba (-3.696) y la Ciudad de Buenos Aires (-2.409).
Sin embargo, el impacto relativo muestra un mapa más amplio. Provincias como Chaco (-11,62%), La Rioja (-10,98%), Tierra del Fuego (-9,79%) y Catamarca (-9,79%) registraron las caídas más pronunciadas en relación con su estructura productiva. Según el informe, estos datos “evidencian una erosión del tejido empresarial más pronunciada en las provincias con parques productivos más pequeños”.
Los especialistas advierten que la fuerte dependencia del mercado interno expone a la industria a los ciclos recesivos. En ese sentido, sostienen que “como los productos industriales argentinos tienen en su mayoría como destino el mercado interno, cuando se realiza un ajuste recesivo, el impacto en la industria es inmediato”.
En esa misma línea, remarcan que el crecimiento del valor agregado industrial históricamente estuvo vinculado al dinamismo del gasto público y del consumo interno. “Para pensar una industria que logre exportar de forma masiva, es condición necesaria un mercado interno fortalecido que le dé la escala para crecer”, señalaron.
El cierre de 2025 consolidó un patrón de recuperación frágil y heterogéneo. Mientras algunos nichos productivos lograron mostrar señales de mejora, el entramado manufacturero en su conjunto continúa por debajo de los niveles previos y sin un horizonte claro de reactivación. Con demanda deprimida, sectores dinámicos con bajo impacto laboral y expectativas empresarias mayoritariamente cautas, el panorama para 2026 aparece más asociado a la continuidad de las tensiones que marcaron el último año que a un giro sostenido en la tendencia industrial.