Luis Caputo salió este lunes a poner paños fríos sobre algunas de las expectativas que el propio Gobierno había ayudado a alimentar. Con el riesgo país perforando el umbral de los 500 puntos, el ministro de Economía descartó de plano una vuelta de la Argentina a los mercados internacionales de deuda y dejó en claro que, al menos por ahora, no habrá emisiones soberanas en dólares.
“No vamos a salir al mercado, contrario a lo que se dice. No tenemos ninguna intención de salir al mercado internacional”, afirmó en una entrevista radial, donde buscó justificar la decisión en un diagnóstico estructural: la historia de déficit crónico que, según explicó, terminó expulsando al sector privado del financiamiento. A ese fenómeno lo definió con una etiqueta conocida en la jerga económica: crowding out.
Caputo sostuvo que durante años el Estado absorbió todo el crédito disponible, dejando a las empresas sin margen para fondear proyectos productivos. El giro que propone la gestión libertaria apunta a lo contrario. “Ahora hay un efecto crowding in”, aseguró, al señalar que el pago de deuda genera un flujo de dólares que luego se recicla en inversiones privadas y provinciales.
Como ejemplo citó lo ocurrido en enero, cuando tras cancelar vencimientos por unos 4.200 millones de dólares se produjo, según su relato, “una catarata de emisiones privadas y de provincias”. La ausencia de bonos soberanos habría empujado a los inversores a buscar alternativas dentro del riesgo argentino.
Sin embargo, esa estrategia tiene costos y límites. El propio ministro reconoció que, si el Tesoro se mantiene al margen de los mercados, deberá apelar a “formas alternativas” para afrontar los compromisos futuros. La prioridad, dijo, será conseguir financiamiento a tasas más bajas, como ocurrió en el arranque del año.
En materia inflacionaria, Caputo también moderó el optimismo. Consultado sobre el dato de enero, estimó que no se ubicará muy por debajo del 2,8% de diciembre. “Seguramente esté en torno al 2,5%”, deslizó, en línea con las proyecciones de las consultoras privadas, que ubican el índice cerca del 2,4%. El Indec difundirá el número oficial el 11 de febrero.
El ministro admitió además que en los últimos meses se registró una aceleración de precios y puso reparos a la promesa presidencial de ver un cero a la izquierda en el índice a partir de agosto. “El tema es lo que pasó a partir de mayo o junio del año pasado. Tuvimos un nuevo escalón inflacionario por esta caída en la demanda de dinero”, reconoció.
Otro frente que mostró fisuras fue el de la reforma laboral. Caputo aceptó que el capítulo impositivo del proyecto está empantanado por la resistencia de los gobernadores a resignar recursos coparticipables. “Creo que va a terminar aprobándose, pero está un poco trabado porque no quieren ceder en la baja del impuesto a las Ganancias”, explicó.
También se refirió, aunque con cautela, al conflicto entre Javier Milei y Techint, luego de la derrota del grupo en una licitación frente a una empresa india y de los cruces públicos con Paolo Rocca. Para el ministro, no se trata de una disputa personal. “No es una guerra con nadie en particular, es una guerra al modelo anterior”, afirmó, apuntando contra el kirchnerismo.
“Está bien que se dé, y eso genera resistencias porque fueron muchos años, muchas décadas de hacer esto”, agregó. Un mensaje que, puertas adentro, confirma que el Gobierno asume el costo político de tensar relaciones con sectores históricos del poder económico mientras intenta sostener un delicado equilibrio entre ajuste fiscal, desinflación y gobernabilidad.