Comunicar es gobernar, manipular también: el uso político de la IA para construir relatos - Política y Medios
30-01-2026 - Edición Nº6573

DATOS VS EMOCIONES

Comunicar es gobernar, manipular también: el uso político de la IA para construir relatos

10:04 |La pregunta no es si se puede manipular una imagen, sino si vamos a aceptar que el poder político lo haga para gobernar percepciones, instalar climas y disciplinar disidencias mediante escenas fabricadas.

Mg. Lautaro González Amato*

La semana pasada, la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, publicó en la red social X la imagen del rostro sereno e inexpresivo de Nekima Levy Armstrong, arrestada junto a otras dos personas tras protestar dentro de un servicio religioso contra la ofensiva migratoria del gobierno de Donald Trump. Poco después, comenzó a circular una versión alterada de esa misma foto, intervenida con herramientas de inteligencia artificial para que la manifestante apareciera llorando. 

El giro no fue un detalle estético ni una travesura digital: fue un movimiento político. Cuando un gobierno modifica un registro visual para ajustar su carga emocional, no solo disputa el sentido del acontecimiento; disputa el estatuto mismo de lo real.

En ese punto aparece el concepto que venimos trabajando como verdadIA. No se trata simplemente de “noticias falsas”, sino de la sustitución del criterio de verificación por un criterio de eficacia narrativa. La verdad deja de ser aquello que puede probarse y pasa a ser aquello que logra adhesión. Y cuando esa lógica se instala desde el Estado, el problema deja de ser comunicacional: se vuelve democrático.

[Lágrimas falsas para una verdad incómoda]

La fotografía intervenida funciona como una pieza de comunicación de precisión. El “antes” mostraba una detenida con gesto neutro; el “después” la convierte en un cuerpo emocionalmente derrotado. Las lágrimas agregadas producen una conclusión sin necesidad de explicaciones: sugieren culpa, humillación o escarmiento.

En una época en la que la imagen vale más que el expediente, la emoción vale más que el dato. El montaje no argumenta, sentencia. Y lo hace con un recurso de bajo costo, alta circulación y enorme capacidad de condicionar interpretaciones antes de que aparezcan matices.
Lo relevante es quién lo hace.

Si este tipo de manipulación proviniera de cuentas anónimas, se trataría de un capítulo más del barro digital. Pero cuando la alteración se asocia a la comunicación gubernamental, el mensaje cambia de escala: se normaliza la idea de que el Estado puede “optimizar” la evidencia para que sea políticamente más útil. Es allí donde la verdadIA se vuelve tecnología de poder, porque no busca describir la realidad sino diseñar una escena creíble, rápida y emocionalmente rentable.

La operación también revela un desplazamiento central de la política contemporánea: la emocionalización se torna sistemática como motor de la adhesión. Miedo, esperanza, amenaza y orgullo movilizan a la ciudadanía. Se gobierna más a través de percepciones que de políticas concretas.

Se generan tiempos de espera desde la curiosidad, la tensión o la angustia alrededor de acontecimientos que interesan e importan. Siempre, comunicar es gobernar, aunque la intervención de la imagen de Levy Armstrong no es solo “una lágrima añadida”; es una forma de gobierno del clima emocional.

[De los encuadres e interpretaciones]

Aquí, los marcos teóricos ayudan a entender el salto cualitativo. El doctor en Sociología por la Universidad de California y profesor de Periodismo y Comunicación Política en la Universidad George Washington, Silvio Waisbord advierte que la crisis de la desinformación no se agota en el contenido engañoso, sino que expresa una batalla por la autoridad de la verdad en el espacio público. Una disputa donde se erosionan los mecanismos de mediación y se fortalece el poder de los relatos que mejor circulan. 

Por su parte, el integrante del Departamento de Estudios en Comunicación de la Universidad Northwestern en Estados Unidos, Pablo Boczkowski, muestra cómo la abundancia informativa y la fatiga atencional degradan la experiencia de las noticias y vuelven más competitivo a todo lo que entra por el atajo emocional. En ese ecosistema, la verdadIA encuentra un terreno fértil: no necesita sostenerse mucho tiempo, solo necesita imponerse primero. 

Desde Estados Unidos, el analista de imágenes digitales, Hany Farid alerta acerca del impacto cívico de la manipulación visual y la dificultad creciente para distinguir registros auténticos de piezas intervenidas, especialmente cuando la circulación se apoya en la autoridad de emisores institucionales.

[El riesgo para las democracias]

El peligro para las democracias no reside únicamente en que una imagen sea falsa, sino en que la sociedad incorpore una idea más corrosiva: que todo puede ser falso, y que por lo tanto nada merece verificación. Ese es el punto donde la confianza pública se quiebra y el debate democrático se vuelve imposible. Si lo visual pierde su valor como evidencia, la deliberación se vuelve rehén del espectáculo, y el ciudadano queda atrapado entre dos extremos igualmente tóxicos: creer sin pruebas o desconfiar de todo.

La foto modificada de Nekima Levy Armstrong es un síntoma de época, pero también una advertencia internacional. En tiempos de verdadIA, la propaganda ya no necesita mentir de manera burda: le basta con ajustar el pulso emocional del registro para fabricar una interpretación dominante. Cuando ese ajuste proviene del Estado, se produce una inversión peligrosa: la comunicación oficial deja de ser un canal de rendición de cuentas y se transforma en una máquina de construcción de realidad.

Las democracias contemporáneas enfrentan un desafío que no solo es tecnológico, sino normativo y cultural. La pregunta no es si se puede manipular una imagen, sino si vamos a aceptar que el poder político lo haga para gobernar percepciones, instalar climas y disciplinar disidencias mediante escenas fabricadas.

Porque cuando la evidencia se vuelve relato y el relato se vuelve política de Estado, la ciudadanía deja de discutir sobre hechos compartidos y pasa a vivir dentro de emociones programadas. Y allí, más que nunca, comunicar es gobernar. Pero también puede perjudicar la salud de las democracias.

*Autor del ebook “Unir la cadena. IA & comunicación política. Guía práctica para asesores”, LAMATRIZ, 2024.

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