Javier Milei había anticipado que, superadas las elecciones legislativas de octubre, la actividad económica iba a “volar”. El freno, explicó entonces, era el “riesgo kuka”.
Tres meses después de los comicios, el diagnóstico de la economía real va en sentido contrario: los indicadores encadenan caídas y desmienten, una vez más, las promesas de recuperación extraordinaria que el oficialismo ya convirtió en rutina discursiva.
Tras el triunfo electoral, el presidente, el ministro de Economía Luis Caputo y otros funcionarios salieron a anunciar una reactivación contundente. El repunte, sin embargo, nunca llegó. Salvo algunos nichos extractivos, con bajo impacto en el empleo, ningún sector de peso logró revertir la crisis que arrastra desde el inicio del ajuste.
El consumo es uno de los termómetros más elocuentes. Las ventas minoristas de las pymes cerraron 2025 con una suba anual del 2,5%, pero el dato es engañoso: se compara contra un 2024 desplomado, cuando habían caído un 10% frente a 2023. El leve crecimiento se explica casi exclusivamente por el arranque del año, con saltos de dos dígitos entre enero y abril. Desde mayo, la curva volvió a inclinarse hacia abajo.
El resultado es contundente: ocho meses consecutivos de retrocesos interanuales. En diciembre, el comercio minorista pyme registró una baja del 5,2% a precios constantes, confirmando que el alivio de las fiestas y el aguinaldo no alcanzó para cambiar la tendencia.
El detalle sectorial refuerza el panorama recesivo. Seis de los siete rubros relevados terminaron en rojo. Bazar y decoración encabezó las caídas (-15%), seguido por Perfumería (-9,8%) y Textil e indumentaria (-8,5%). La única excepción fue Ferretería y materiales para la construcción, con un marginal +0,8%.
Desde CAME sintetizaron el cuadro con crudeza: “Diciembre funcionó como un alivio financiero gracias a las fiestas de fin de año y al cobro de aguinaldos, pero no logró revertir la caída estructural del 5,2%”.
VENTAS MINORISTAS ⬇️ EN DICIEMBRE, CAYERON 5,2% ANUAL
— CAME (@redcame) January 11, 2026
En contrapartida, se incrementó 5,2% en la medición desestacionalizada mensual. Con estos valores, el 2025 cerró con una variación positiva acumulada del 2,5%.
‼️ Seis de los siete rubros relevados en diciembre finalizaron… pic.twitter.com/porn8RllrF
La industria tampoco ofrece señales de despegue. Según el Indec, el índice de producción industrial manufacturero se desplomó un 8,7% en noviembre en comparación interanual, la peor marca desde junio.
Aunque el acumulado de 2025 aún muestra una variación positiva del 2%, la desaceleración es cada vez más evidente. La construcción, otro sector intensivo en empleo, cayó un 4,1% mensual en noviembre, la baja más fuerte desde octubre de 2024.
El deterioro del consumo masivo completa el cuadro. El sector lácteo informó un derrumbe intermensual del 12,7% en ventas y una caída interanual del 3,6%. La carne, por su parte, se consume en niveles inferiores al promedio de los últimos cinco años y muy lejos de los registros de 2015.
En este contexto, el único rubro que puede exhibir una mejora es el financiero, sostenido por el auxilio externo que apuntaló al Gobierno en su momento más delicado. Una recuperación apoyada más en los “alambres” internacionales que en la dinámica de la economía doméstica.
No es la primera vez que el presidente anuncia el fin de la recesión antes de tiempo. Tras el blanqueo de capitales de 2024, Milei había afirmado que “la recesión ha terminado y el país ha comenzado a crecer”, luego de un “intervalo duro, de esfuerzo y dolor”. Los datos del último trimestre de ese año contaron otra historia: la construcción se hundió 17,7%, la industria manufacturera 9,2% y el comercio 7,3%. Solo crecieron el agro y la minería.
En abril de 2025, con el nuevo acuerdo de deuda con el FMI, el libreto se repitió. Milei aseguró que “la economía seguirá creciendo por la recomposición del stock de las empresas” y que la baja de la inflación había mejorado el poder de compra. Lo que siguió fue un nuevo tobogán para los sectores que generan empleo, mientras el Gobierno explicaba la contracción por el clima electoral.
Pasado el supuesto riesgo, la economía real sigue sin reaccionar. El problema ya no es la excusa. Es la persistencia de una crisis que los indicadores confirman mes tras mes y que el relato oficial, por ahora, no logra tapar.