La discusión por la reforma laboral sumó en los últimos días una creciente incertidumbre, a raíz del temor de varias de las provincias a una caída abrupta en la coparticipación si prospera el dictamen que La Libertad Avanza logró firmar en diciembre en el Senado.
El texto, que había quedado en suspenso tras los desbordes de la Casa Rosada durante el tratamiento del Presupuesto 2026, volvió al centro de la escena y abrió un escenario de conflicto para los gobernadores más cercanos al presidenet, Javier Milei, y podría minar el camino hacia la sanción del proyecto.
La inquietud no se limita a este debate en particular y amenaza con extenderse sobre el clima parlamentario de cara al inicio del período ordinario, el 1° de marzo. En los pasillos del Congreso, los potenciales aliados del oficialismo comenzaron a marcar distancia, no tanto por el impacto de la Reforma en las condiciones laborales, sino por cómo afectaría las arcas de cada provincia.
“¿A varios que rechazamos la reinstauración de Ganancias en el paquete fiscal de 2024 ahora nos piden esto?”, se quejó un legislador opositor en off con Infobae, aludiendo a las contradicciones que ven en la estrategia oficial.
Desde otro despacho, con vocación de acompañar, el diagnóstico fue aún más crudo: “Decime cómo hace un gobernador si en unas semanas te sacan el equivalente al pago de uno o dos meses de sueldos en una planta pública que ya recortaste. Ni con ATN te lo cubrirían. Y en el Senado representamos a las provincias. No se entiende”.
Después de dos años de administración libertaria, a muchos protagonistas de la vida política todavía les cuesta asimilar el estilo outsider de Milei. Lejos de los códigos de la política profesional, el Gobierno obtiene lo que necesita en cada negociación y luego vuelve a foja cero.
"Si te he visto, no me acuerdo", parece ser la expresión que sintetiza la postura oficialista cada vez que los dialoguistas pretenden calzarse el disfraz de aliados.
Frente a ese malestar, el oficialismo buscó bajar la temperatura. Un referente libertario relativizó el alcance del impacto y apuntó a las asimetrías entre distritos.
“No parece ser tan grave, aunque cada provincia es distinta. No es lo mismo una en la que pocos pagan Ganancias y recibe coparticipación generosa, que otra con más espalda a la que le llega menos”, sostuvo. Otro fue más pragmático: “No hay que armar grandes dramas si no hay votos para algún artículo. Ya pasó con la ley Bases y el paquete fiscal y el país siguió adelante con Milei”.
Una lectura similar también aparece -con matices- del lado peronista, donde un senador admitió que el oficialismo podría usar la reforma como palanca para negociar.
“Mi apuesta es que lo van a usar de moneda de cambio cuando se acerque la sesión. Estará en manos del Presidente, junto a Economía y el Interior. En diciembre mostraron pragmatismo en extraordinarias. Estimo que seguirán por ese camino si convocan en febrero”, señaló.
Mientras tanto, la jefa libertaria en el Senado, Patricia Bullrich, anunció la reactivación de contactos con empresarios, gremios y la oposición. Sin embargo, entre quienes concentran los votos decisivos ya no hay apuro.
Desde un bloque dialoguista reconocieron el avance político del oficialismo desde el 10 de diciembre, pero dejaron una advertencia: “Está bien manejar la agenda, pero hay que tener cuidado con el costo político de acelerar sin freno. Se lo dijimos a Bullrich y por eso se pateó la reforma laboral para febrero. Si se fijan plazos que después no se cumplen, nos desgasta como aliados”.
Las dudas también pasan por el trámite parlamentario. Un senador alertó que, si el texto llega al recinto con demasiadas modificaciones, la votación en particular puede volverse “densa y delicada”, con el kirchnerismo jugando del otro lado. “El Gobierno quiere pocos cambios; nosotros, algunos más”, resumió.
En ese contexto, la reforma laboral comparte cartel con otros proyectos sensibles. Junto con la ley de glaciares -que también tiene dictamen en el Senado- y la iniciativa de estabilidad monetaria, el Congreso se prepara para un febrero cargado.
La Reforma del Código Penal, en cambio, aparece como el proyecto más resistido: estuvo en el temario de extraordinarias de diciembre, pero nunca ingresó formalmente.
A pesar del recambio legislativo, mucho más favorable a Casa Rosada, el calendario legislativo continuará aribitrado por tensiones y negociaciones finas. En definitiva, el aumento de legisladores vino a formalizar la absorción de los aliados que -desde sus bancas radicales y del PRO- ya funcionaban como furgón de cola del Gobierno, pero la oposición dura continúa siendo relevante.
En este escenario ganan influencia los gobernadores, lo cual le pondrá piedras en el camino a Milei para aprobar reformas que perjudiquen las arcas provinciales. Será una empresa de negociaciones quirúrgicas o una mayor apertura a rediseños que le sirvan a todos los actores. Después de todo, parafraseando a Luiz Inácio "Lula" Da Silva, una buena negociación es aquella donde ninguno se va conforme.