Donald Trump volvió a sacudir el tablero regional con una advertencia directa a Cuba. El presidente estadounidense aseguró que la isla ya no recibirá “más petróleo ni dinero” de Venezuela y deslizó, incluso, la posibilidad de que su secretario de Estado, Marco Rubio, pueda convertirse en futuro mandatario cubano.
La reacción de La Habana fue inmediata: rechazó cualquier tutela externa y reafirmó su condición de país soberano.
En un mensaje publicado en Truth Social, Trump sostuvo que Cuba sobrevivió durante años gracias al crudo y los recursos venezolanos, a cambio de servicios de seguridad prestados durante los gobiernos de Hugo César Chávez y Nicolás Maduro. “¡No habrá más petróleo ni dinero (de Venezuela) para Cuba! Les sugiero que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”, lanzó, sin precisar los términos de esa eventual negociación.
El republicano insistió en que, tras la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores el pasado 3 de enero, Venezuela ya no necesita respaldo cubano. “Ya no necesita a los matones y extorsionadores que los mantuvieron secuestrados durante tantos años, porque Venezuela ahora cuenta con Estados Unidos y su ejército, con diferencia el más poderoso del mundo, para protegerlos”, afirmó.
Poco antes, Trump había replicado un mensaje de un usuario de X que sugería a Marco Rubio como presidente de Cuba. La respuesta del mandatario fue escueta pero elocuente: “¡Suena bien para mí!”.
Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel contestó con dureza. “Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer”, escribió en X, y agregó que el país está “dispuesto a defender la Patria hasta la última gota de sangre”. Según el mandatario, las amenazas responden a la “rabia” de quienes no toleran la decisión soberana del pueblo cubano de elegir su propio modelo político.
Díaz-Canel también rechazó que la crisis económica de la isla sea consecuencia de la Revolución. “Quienes culpan a la Revolución de las severas carencias económicas deberían callar por vergüenza”, afirmó, y apuntó contra las “draconianas medidas de asfixia” que Estados Unidos aplica desde hace seis décadas.
El canciller Bruno Rodríguez fue en la misma línea. Negó que Cuba haya recibido compensaciones por servicios de seguridad y sostuvo: “A diferencia de Estados Unidos, no tenemos un gobierno que se presta al mercenarismo, el chantaje o la coerción militar”. Además, defendió el derecho de la isla a importar combustible de los mercados dispuestos a venderlo, sin injerencias externas.
Rodríguez calificó la política de Washington como la de “un hegemón criminal y descontrolado” que amenaza la paz regional y mundial. En otro comunicado, el gobierno cubano reclamó a Estados Unidos que ponga fin a la detención de Maduro y Flores, a la que calificó de “ilegal”, y pidió a la comunidad internacional que se sume al reclamo.
Tras su traslado a Estados Unidos, Maduro y su esposa fueron presentados ante un tribunal de Nueva York. El mandatario venezolano se declaró “un hombre inocente” de los cargos por narcotráfico, mientras que Flores también se declaró “no culpable”. Cuba ya había calificado el operativo militar que derivó en sus detenciones como “inaceptable y bárbaro”.
Venezuela, por su parte, ratificó su respaldo histórico a Cuba y reivindicó el principio de autodeterminación. Ambos países mantienen desde el año 2000 un acuerdo de cooperación por el cual la isla recibe crudo venezolano a cambio de servicios profesionales, en un contexto en el que Cuba atraviesa una severa escasez de combustible que impacta en la economía y en la generación eléctrica.