El Congreso de los Estados Unidos busca marcar límites a las negociaciones de Donald Trump con el chavismo y presiona por el desarrollo de elecciones en Venezuela, tras el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, que comparecieron este lunes ante la Justicia Federal de Nueva York, acusados por narcoterrorismo.
El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, descartó este lunes cualquier despliegue de tropas terrestres en el país caribeño, pero dejó en claro que la estrategia de presión sobre el Gobierno interino seguirá en pie, con el horizonte puesto en elecciones “a corto plazo”.
La definición llegó tras una audiencia clasificada en el Capitolio, de la que participaron pesos pesados de la administración Trump: el secretario de Estado, Marco Rubio, el jefe del Pentágono Pete Hegseth y el director de la CIA, John Ratcliffe.
A la salida, Johnson fue categórico ante la prensa: “No esperamos tropas sobre el terreno”, afirmó, al tiempo que aclaró que el involucramiento estadounidense se limitará a “coaccionar al gobierno interino para que las cosas avancen”.
El líder republicano defendió sin matices la línea dura adoptada por Washington. Reivindicó la “total legalidad” de los bombardeos recientes y de la captura de Maduro, y sostuvo que uno de los objetivos centrales es evitar un colapso económico mayor. “La economía venezolana debe permanecer estabilizada”, remarcó, en una señal dirigida tanto al mercado petrolero como a los aliados regionales.
En clave política, Johnson explicitó la expectativa de cierto sector del establishment político del Partido Republicano respecto al futuro inmediato de la nación bolivariana. “Espero que se convoquen elecciones en Venezuela… debería suceder a corto plazo”, dijo, reforzando la idea de una transición acelerada bajo tutela internacional y presión externa.
Lo cierto es que menos apresurado se lo nota al presidente Trump, que fue muy explícito al referirse a la producción de petróleo y la participación de empresas estadounidenses como su principal preocupación tras la exitosa intervención militar; y que de hecho no tuvo inconvenientes en iniciar diálogos con la sucesora del ex dictador, Delcy Rodríguez.
El propio secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, consideró en diálogo con la prensa que es “apresurado” hablar de elecciones libres, en línea con el ninguneo del jefe de Estado tanto a la dirigente María Corina Machado como al candidato opositor en las últimas elecciones, Edmundo González Urrutia.
En la misma línea que el titular del Congreso se puede ubicar al vicepresidente de Estados Unidos, James David Vance, un conservador republicano más amigado con la idea de concentrar los recursos de los contribuyentes en políticas para los Estados Unidos que de extender acciones de influencia internacional.
Vance compite con Rubio por la sucesión de Trump, y las acciones para derrocar a Maduro -con la mira puesta en asfixiar la dictadura cubana y que caiga por efecto dominó- configuran un claro gesto del magnate en respaldo a su secretario de Estado.
En tanto, del otro lado de la interna republicana quedan los opositores demócratas. El jefe de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, expresó fuertes reparos tras el informe de inteligencia presentado -el vigésimo desde septiembre- y cuestionó la falta de definiciones concretas.
“Este briefing… nos dejó más preguntas que respuestas. Su plan para que Estados Unidos gobierne Venezuela es vago, basado en ilusiones”, lanzó.
Schumer profundizó y advirtió sobre los riesgos históricos de este tipo de intervenciones. Según el senador, los intentos de forzar cambios de régimen desde el exterior “siempre nos acaban dañando”, una crítica que apunta tanto al costo político interno como a las consecuencias geopolíticas de largo plazo.
La discusión deja al descubierto una tensión de fondo en Washington: cómo sostener la presión máxima sin cruzar el umbral de una intervención directa que pueda derivar en un nuevo conflicto regional. La negativa explícita al envío de tropas busca calmar ese frente, mientras se refuerza la vía política y diplomática como herramienta central.
Con Maduro fuera de escena y un gobierno interino bajo escrutinio, Estados Unidos intenta administrar el equilibrio entre el control de la sucesión y la armonización de los frentes de conflicto interno
El mensaje de Johnson apunta a presionar a la Casa Blanca para rubricar la influencia sobre Venezuela, pero cumpliendo al menos con la coartada de la recuperación de la democracia, de cara a la comunidad internacional, que expuso más reparos y cuestionamientos que festejos por la operación.
La apuesta de los republicanos representados por Johnson y Vance es acelerar un calendario electoral que legitime el nuevo escenario, aunque las dudas sobre el plan y sus consecuencias siguen abiertas. Al igual que las dudas sobre cuánto le interesa realmente al bando de Trump la cuestión institucional, una vez resuelto el negocio de los hidrocarburos.