El Banco Central volvió a emitir pesos para recomponer reservas y compró USD 21 millones en una rueda marcada por la presión sobre el dólar, la intervención del Tesoro y un nuevo salto de las tasas de interés.
El escenario no es nuevo y anticipa la continuidad de una estrategia general que signó al Gobierno desde sus primeros pasos: la estabilidad se sostiene con instrumentos que anticipan más recesión y mayores dificultades para el crédito.
En paralelo, el Tesoro debió salir a ofrecer dólares para evitar una disparada de la divisa, mientras ajustaba al alza el rendimiento de los instrumentos en pesos para enfriar la demanda. El combo permitió primero recomprar divisas y luego habilitar el ingreso del Central, que concretó la primera adquisición de reservas del año con emisión monetaria.
Detrás de esa maniobra late la urgencia. Economía todavía no reunió los dólares necesarios para afrontar el vencimiento de deuda del próximo viernes, estimado en USD 4.200 millones. El plazo se agota el jueves, cuando deberían girarse los fondos al Bank of America Mellon para los tenedores externos, en medio de negociaciones contrarreloj con un sindicato de bancos liderado por JP Morgan.
El ancla elegida -tasas elevadas- no es gratis. Si se sostiene, impactará en las cuotas de empresas y familias, encareciendo el financiamiento y empujando al alza la morosidad, que ya se mueve en niveles récord. El mercado financiero dio cuenta del ajuste: las cauciones cerraron en 91,4% efectiva anual en ByMA y treparon al 101,2% en el MAE, donde se fondean los bancos.
También subieron las tasas de REPO, el instrumento con el que el Central absorbe liquidez. Tocaron un máximo de 49,1% de TEA antes de cerrar en 22,1%. A la par, los bancos trasladaron el endurecimiento a los depositantes: la TAMAR (Tasa Mayorista de Argentina) llegó a 31,8% y la Badlar a 29,4% anual.
Para concretar la compra de dólares, el BCRA emitió más de 30.000 millones de pesos, que luego esterilizó vía REPO en una operatoria SIMU, diseñada para esquivar el impuesto a los Ingresos Brutos de la Ciudad. El resultado vuelve a engrosar los pasivos remunerados que el propio Javier Milei suele señalar como uno de los motores de la inflación.
El desafío inmediato está del lado del Tesoro. Debe cubrir pagos de amortización e intereses de los Bonos Globales (GD), de legislación extranjera, y de los Bonares (AL), bajo ley local. El último registro muestra un saldo de USD 1.800 millones en su cuenta en el Central, que incluye los USD 910 millones del bono AN29 emitido en noviembre, pero aún no refleja los USD 700 millones por la venta de represas hidroeléctricas.
La brecha entre ese saldo y el vencimiento debería cerrarse con un crédito REPO de bancos internacionales -JP Morgan, Bank of America, Citi, Santander, entre otros-, trabado por la negociación de garantías. Esa demora mantiene presionados a los bonos y se refleja en un Riesgo País que ronda los 550 puntos a días del pago.
El plan original del presidente Milei y Caputo era captar dólares en el mercado local, apostando a que el blanqueo de la “inocencia fiscal” atrajera depósitos de ahorristas. Por ahora, la respuesta fue tibia. Los bancos advierten que siguen vigentes las exigencias de la UIF y las normas macroprudenciales del Central, que obligan a conocer el origen de los fondos.
Queda un último recurso en la mesa: los dólares del endeudamiento provincial. Tras la colocación de Santa Fe por USD 800 millones, Córdoba prepara una emisión similar y Entre Ríos asoma en el horizonte. Caputo ya presionó a Maximiliano Pullaro para acelerar la liquidación, pero la ley otorga hasta 180 días para hacerlo, un plazo que no alcanza para cubrir el vencimiento de este viernes.
Así, entre emisión, tasas al límite y negociaciones a contrarreloj, el Gobierno logra comprar tiempo, pero a un precio cada vez más alto. La estabilidad cambiaria se sostiene con parches financieros, mientras la economía real absorbe el impacto de un ajuste que no da tregua.