Miércoles 23 de octubre de 2019
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ENTREVISTAS | 24.16.2016

Aritz Recalde: “El gobierno de Cambiemos beneficia al Capital financiero, grandes terratenientes y empresas oligopólicas”

P&M dialogó con el sociólogo y profesor de la UNLA (Universidad Nacional de Lanús), Aritz Recalde, quien recientemente ha publicado su último trabajo “Intelectuales, Peronismo y Universidad”. A continuación reflexiona sobre el panorama político y económico en nuestro país, Latinoamérica y el mundo.

La entrevista está dividida en dos partes. En esta primera entrega Recalde habla sobre la disputa comercial, política y bélica por parte de las potencias mundiales; mientras que en la segunda, hace hincapié en la reorganización interna de los movimientos sociales, el rol de la juventud peronista y el nuevo peronismo de cara a un futuro cercano.

Primera parte

Los negocios financieros, la matriz del cambio.


¿Cómo podemos entender el cambio de matriz económica que se está viviendo en nuestro país, tanto a nivel interno como así también de cara al mundo?

La situación económica mundial, regional y nacional forma parte de una crisis. El modelo de desarrollo centrado en la especulación financiera diagramado por las corporaciones multinacionales, los fondos de inversión y las calificadoras de riesgo de las potencias occidentales, condujo a los centros del poder mundial a una situación de estancamiento económico. A su vez, la quiebra del banco Lehman Brothers durante el año 2008 fue una de las manifestaciones que hicieron que estalle una crisis económica y financiera profunda de carácter mundial.

Con la supuesta finalidad de superar la crisis los EE-UU y Europa se abocaron a rescatar con recursos “públicos”, los negocios financieros “particulares” de los bancos. El resultado esperable de estas medidas, es la consolidación de un sistema financiero que sigue acumulando ganancias, en paralelo a una economía internacional con bajas tasas de crecimiento o incluso de recesión. Asimismo el sistema capitalista actual privilegia la especulación financiera y el salvataje de bancos, en lugar de la actividad productiva y el consumo popular. En este contexto las condiciones sociales de vida de gran parte del planeta se deterioraron considerablemente. Es así que varias economías de los países centrales están en recesión y/o bajo crecimiento, lo que deriva en menores importaciones de Latinoamérica y en la conformación de un excedente productivo que buscan imponer a nuestros países. EE-UU se propone recuperar el terreno perdido frente a esquemas como el BRICS. En este cuadro, los gobiernos de las potencias protagonizan una disputa comercial, política y bélica por la apropiación de recursos naturales y de los mercados mundiales. La desestabilización a las que se ven enfrentados Brasil, Venezuela ola Argentinaen 2015, se encuadró en esta disputa entre imperialismos. No exageró el Papa Francisco cuando caracterizó a las tensiones internacionales como una potencial “tercera guerra mundial”.

Entrado el siglo XXI, Iberoamérica venía atravesando un importante ciclo de crecimiento, favorecido por el buen precio de parte de sus recursos de exportación (soja, petróleo, minería, etc.). Las condiciones macroeconómicas fueron aprovechadas por los gobiernos nacionalistas, que se propusieron saldar las deudas sociales de sus pueblos luego de décadas de crudo liberalismo. La revolución boliviana de Evo Morales impulsó el Bono Juancito Pinto y creó universidades indígenas. El Partido de los Trabajadores en Brasil aplicó la Bolsa Familia y consolidó un sistema de becas para ciudadanos negros y pobres. En la Argentina el Frente Para la Victoria sancionó la Asignación Universalpor Hijo y federalizó el sistema universitario creando más de 15 Casas de Altos Estudios. En estos tres países y en otros como Ecuador, Uruguay o Venezuela, se crearon nuevos empleos y los habitantes accedieron al derecho a la vivienda, la salud o la educación.

Además y con resultados disímiles, los gobiernos nacionalistas desarrollaron su estructura económica e impulsaron un nuevo proceso de industrialización. Con esta finalidad estimularon varias nacionalizaciones de empresas estratégicas comola YPF Boliviana o la YPF y las AFJP argentinas. Países como Brasil son exportadores de recursos naturales y además, de aviones (EMBRAER) y administran una empresa petrolera con participación internacional (PETROBRAS). Argentina inició un importante proceso de sustitución de importaciones y consiguió producir satélites y bienes atómicos. Pese a los avances generados, buena parte de Iberoamérica no alcanzó y no consolidó su independencia económica.

El ciclo de altos precios de los recursos naturales empezó a revertirse. En algunos casos, la caída de los precios fue impulsado deliberadamente: por ejemplo el petróleo bajó, entre otras cuestiones, porque intervinieron los EE-UU explotando y comercializando reservas no convencionales de energía. Frente a este nuevo escenario, aquellos países que no consolidaron la industrialización encontraron grandes dificultades para afrontar la falta de colocación de sus exportaciones o la carencia de divisas. Es así que Venezuela atraviesa una crisis económica severa. Por otra parte Dilma Rousseff aplicó un ajuste de las cuentas públicas en Brasil. Argentina creció a bajas tasas durante los últimos años y mantuvo déficit fiscal y comercial.

Los problemas económicos mencionados, la guerra mediática interna e internacional y la presión de los factores de poder mundial, están induciendo cambios de gobierno. En lugar de los líderes nacionalistas, se produce una tendencia a que asuman mandatarios neoliberales apoyados por los EE-UU. En la Argentina triunfó CAMBIEMOS que organizó un gabinete de empresas multinacionales y de referentes políticos conservadores. Una vez en el mando del país impulsaron un patrón de desarrollo que beneficia a tres sectores que son: el Capital financiero especulador internacional, los grandes terratenientes y exportadores agrícolas y las empresas oligopólicas de servicios e importadores de manufactura extranjera. Las ganancias del sector financiero aumentan exponencialmente la deuda externa. Para garantizar la rentabilidad del sector agroexportador devaluaron la moneda generando una inflación acelerada y aumentaron ganancias a los grupos concentrados. Por otra parte las empresas de servicios aumentaron más del 1000 % las tarifas.

El resultado está a la vista

El resultado económico del primer semestre es evidente del nuevo perfil productivo. Las PYMES y el comercio bajaron el volumen de ventas e incluso están quebrando empresas fruto de la apertura económica y la caída del consumo. Se perdieron más de 180.000 puestos de trabajo en seis meses -se habla de más de 300.000 en casi 9 meses-. El país está en recesión y acumulará en el año una inflación superior al 40%. En paralelo, los negocios financieros dejaron como resultado un incrementó de deuda para el Estado argentino superior a 32.000 millones de dólares. Por ende, fruto de la devaluación cayeron los salarios de los trabajadores. La diferencia de exportar la cosecha de $ 9, 5 a $ 15 dejó como resultante una ganancia adicional superior a los $ 50.000 millones de pesos.

¿Qué objetivo tiene la última toma de deuda por parte del gobierno nacional?

Al eliminarse los topes para la adquisición de dólares y permitirse la fuga de divisas, Argentina se ofrece al mundo como una plaza financiera óptima para especular. En tan sólo unos meses, el gobierno emitió 16.500 millones de dólares para sufragar a los Fondos Buitres. Las letras del Banco central (LEBAC) pagan una tasa del 34% en pesos, dejando como saldo en los primeros meses del año una ganancia superior a los 3.000 millones de dólares. En el mes de enero el Banco Central tomó un préstamo puente de 5.000 millones de dólares, a una tasa cercana al 7% en dólares. Las provincias consiguieron el aval de Nación para acrecentar una deuda que ya superó los 8.200 millones de dólares.

Debido a la apertura económica, la caída del consumo, la suba de los servicios públicos o la recesión económica internacional, se hace poco viable el desenvolvimiento de la actividad industrial en Argentina. El país va camino a reprimarizar su economía y a aumentar exponencialmente la deuda externa y dicho proceso puede culminar en un nuevo 2001.

El país se torna una semicolonia económica de las Potencias extranjeras, que nos venden sus excedentes comerciales y obtienen y giran fabulosas ganancias financieras sus empresas. El productor y el trabajador argentino subsidian las economías y el nivel de vida del extranjero. Que le vaya bien al gobierno de CAMBIEMOS no implica la prosperidad del conjunto del país, sino meramente la acumulación de riquezas de las empresas extranjeras que administran los Ministerios.

¿A qué se debe el triunfo de la derecha, tanto en nuestro país como en gran parte de América Latina?

Hay factores económicos que generaron dificultades de crecimiento y ello conlleva a la pérdida de capital electoral. Las medidas de ajuste del Estado de Dilma Rousseff mermaron su electorado y alcanzó la reelección presidencial con un estrecho margen. En nuestro caso, la caída del crecimiento y la regulación del mercado de divisas (corralito) acarrearon costos electorales para el oficialismo. Al problema económico, hay que sumarle cuestiones sociales no resueltas como la violencia, la desigualdad o la precariedad en el empleo que llevaron a muchos trabajadores a buscar un “cambio” o una alternativa. En este marco, el poder económico manejó con destreza los resortes mediáticos que convencieron a muchos trabajadores acerca de que su legítimo reclamo iba a ser atendido por los representantes de las derechas neoliberales. A este esquema hay que sumarle la acción judicial, la desestabilización económica y la tarea permanente de las ONG norteamericanas dedicadas a hacer propaganda e inteligencia contra los gobiernos populares.

Finalmente, hubo problemas de construcción política que derivaron en serias dificultades para conformar herramientas políticas que garanticen la alternancia de los candidatos. En el caso de la Argentina, en 12 años no se construyó un candidato o un espacio político capaz de continuar el proyecto y, por el contrario, el Frente Parala Victoriallegó a la elección dividido y no existió una estrategia de campaña capaz de potenciar la militancia.

Si hubiera que ordenar la importancia de las variables económicas, sociales, culturales o políticas para explicar la derrota política argentina, ésta última es fundamental. La interna entrela Conducción nacional y el Partido Justicialista y la CGT fue perniciosa. La tendencia de Cristina a armar un espacio propio con candidatos de escasa relevancia electoral, facilitaron la estrategia neoliberal de CAMBIEMOS y del capital trasnacional. La histórica derrota en la provincia de Buenos Aires fue una de las manifestaciones de los serios errores de construcción política.