Sábado 11 de julio de 2020
Facebook Twitter Instagram RSS
ENTREVISTAS | 6.15.2015

“La ausencia de villas en los mapas de CABA no es justificable”, denunció Pablo Vitale del Colectivo Turba

Por primera vez las villas 31 y 31 bis están reflejadas en un mapa. Lo realizaron vecinos del barrio en conjunto con el colectivo Turba, Talleres de Urbanismo Barrial, que integra el politólogo Pablo Vitale. La cartografía oficial muestra vacíos estos espacios de la ciudad en que viven 30.000 habitantes. Ver galería de imágenes.

Tener una dirección es un derecho tan fundamental como tener un documento. Los vecinos de las villas 31 y 31 bis denuncian la no entrada de ambulancias o bomberos, la imposibilidad de recibir correspondencia en sus domicilios, la incomodidad de tener que citar amigos o familiares en Retiro a falta de referencias para indicarles la forma de llegar a sus casas. El nuevo mapa abierto no resuelve estas problemáticas pero las visibiliza.

En diálogo exclusivo con P&M, Pablo Vitale, Licenciado en Ciencia Política de la UBA y Doctorando en Ciencias Sociales, dio cuenta de las características del proyecto que integra:

—El colectivo se llama Turba, Talleres de Urbanismo Barrial. Lo integramos originalmente: un arquitecto que se llama Javier Samaniego García, una socióloga que se llama Julia Ramos, un diseñador gráfico que es Diego Danei y yo. Por el colectivo pasaron distintos compañeros y gente que participó en distintos aspectos del proyecto. En principio consistió en un taller de urbanismo barrial en la villa 31 dirigido a adolescentes del barrio, que participaron durante 4 años de actividades que nosotros fuimos proponiendo, ligadas a problematizar el espacio, desde lo doméstico a lo barrial y lo urbano. Ahora algunos de los chicos que asistían forman parte del colectivo Turba, pasaron a integrar el equipo. Están llevando el mapa a distintas partes del barrio para corregirlo y están planeando distintas actividades a futuro.

—¿Cómo fue el proceso de construcción del mapa?

—Empezamos en 2010. Fue un proceso largo y complejo. El mapa es uno de los productos, el más visible y que más estamos difundiendo; pero todo fue producto de un taller prolongado en donde se trabajó con distintos aspectos, como planos de las casas, planos del barrio y de la ciudad. Con recorridas por el barrio, con encuestas, con imaginarnos otra ciudad inventada por los propios pibes. Así que son muchas actividades entre las que está el mapa. Para hacerlo fuimos conjugando los conocimientos cartográficos de los profes vinculados a la representación del espacio, y los de los pibes que tienen que ver con cómo es el barrio, qué se localiza en cada lugar, cuáles son los espacios significativos para los vecinos, cómo se denominan y cuáles son los límites de casa subsector del barrio, todo eso lo fuimos volcando en el mapa.

—¿Cómo pensaron la difusión del material?

—El planteo por ahora es partir de la idea de que al barrio lo hicieron los vecinos por auto-construcción no solo de sus viviendas sino de estructuras y de servicios. El mapa también los hicieron los vecinos. Entonces lo que nosotros hicimos fue mostrarle el mapa a todos los vecinos y asociaciones posibles, e incorporar agregados que los vecinos consideraron importantes. Así que el trabajo estuvo básicamente en la difusión a lo interno del barrio. No todos los vecinos ni todos los sectores conocen el conjunto de la villa 31, por eso la primera propuesta es socializar la información en el conjunto del territorio. Respecto del poder público eso tiene más que ver con la pelea que los vecinos están dando por la urbanización de la villa 31 que ya tiene una Ley y está reconocida.

—¿Cómo fueron las repercusiones?

—Por ahora muy buenas, hemos recibido todos comentarios positivos. Y adentro del barrio, que a veces es dura la aceptación porque son super críticos en general los vecinos respecto de lo que se hace en su territorio, también fueron muy buenas. Creo que esto fue posible porque partieron de entender y de valorar que los que hicieron el trabajo eran pibes del barrio, que estuvieron apoyados e impulsados por quienes somos de afuera, pero fue un producto efectivamente gestado desde adentro. Implica también una enorme satisfacción que nos pidan el mapa como instrumento, que tenga su costado útil.

—¿Cómo piensan que esto apunta a resolver las graves falencias que las vecinos denuncian?

—El planteo del mapa no salva todas esas necesidades, en todo caso presenta una excusa menos para la mala prestación de servicios y la irregular provisión de infraestructura en la villa con respecto al resto de la ciudad. Por supuesto que estas son cosas por las que hay que seguir peleando. Pero en principio lo que tratamos de poner de manifiesto es que esa ausencia de las villas en los mapas de la ciudad no es algo natural ni justificable desde ningún punto de vista. La tarea es desarrollar desde el propio barrio estas actividades y articular con otros reclamos más generales para lograr el tratamiento total de la villa como si fuera exactamente igual al resto de la ciudad, cosa que no pasa. La provisión de servicios es diferente: desde la luz y el agua hasta escuelas u hospitales y demás infraestructura. Los espacios públicos son controlados por el gobierno de la ciudad de forma diferente al resto de la ciudad. Todo esto deriva en reclamos de organizaciones, eso viene a poner de manifiesto el mapa.

—¿Cuáles con los planes a partir de ahora?

—Hay muchos planes, como siempre qué materialidad puedan tener tiene que ver con los recursos, con los tiempos nuestros que también son limitados. El objetivo es tratar de desarrollar la experiencia del mapa en la mayor cantidad de villas posibles, extender la experiencia. Y por otro lado profundizar, tratar de ir hondo en esta formación en urbanismo barrial que empezamos a hacer con los pibes. Tratar de ir formándonos todos, los profes y los estudiantes, como un colectivo, en herramientas para pensar el barrio. Serían esas dos líneas: extendernos a otros barrios con la propuesta de mapeo, y profundizar este urbanismo barrial que estamos desarrollando experimentalmente.