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EDITORIAL | 20.15.2015

Soberanía de América Latina: las águilas no deberían atreverse

A raíz de la iniciativa del Poder Ejecutivo de EEUU por declarar a Venezuela una amenaza para la seguridad exterior, miles de voces internacionales emitieron su repudio. En tanto Nicolás Maduro organiza en las principales plazas de Caracas una campaña para recolectar 10 millones de firmas en respaldo al gobierno. Este conflicto pone en peligro la realización de la VII Cumbre de las Américas prevista para abril en Panamá.

El rechazo a la medida impulsada por Barack Obama es unánime. Las voces de América Latina, de la América morena se extienden a lo largo y ancho del continente. Representantes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba), instituciones de coordinación y cooperación internacional, han puesto en off side a la Casa Blanca al destacar la decisión como “agresiva, arbitraria e infundada”. Así lo manifestó el presidente cubano Raúl Castro en su discurso ante la cumbre extraordinaria del Alba celebrada en Caracas el pasado 17 de marzo, tres días después de la reunión de cancilleres de Unasur.

Si bien ambos organismos solicitaron a EEUU que derogue la orden ejecutiva, la Casa Blanca hace oídos sordos y apunta la política a una posible intervención militar o golpe de estado avalada por las fracciones minoritarias anti chavistas que ven en el gobierno de Obama un aliado a fin de retomar el control político del gobierno en beneficio de sus intereses económicos.

A lo largo de la historia los pueblos latinoamericanos y del mundo conocieron las declaraciones de “peligrosidad” por parte de EE.UU. ya que luego de la sentencia vinieron las bombas y el sojuzgamiento de los pueblos. Por eso la respuesta continental no tardó en llegar. Un rechazo explícito sin precedentes desde América Latina y el Caribe a la agresión de Washington se vio reflejada en el las palabras de Raúl Castro: “Hoy Venezuela no está sola, ni nuestra región es la misma de hace 20 años. No toleraremos que se vulnere la soberanía o se quebrante impunemente la paz en la región. Como hemos afirmado, las amenazas contra la paz y la estabilidad en Venezuela representan también amenazas contra la estabilidad y la paz regionales. “Estados Unidos debería entender de una vez que es imposible seducir o comprar a Cuba ni intimidar a Venezuela. Nuestra unidad es indestructible”.

El error cometido por la Casa Blanca colocará al presidente de Estados Unidos en una posición complicada en la próxima Cumbre de las Américas. Tendrá que escuchar los argumentos de los principales mandatarios latinoamericanos que ven en esta actitud una clara muestra de los intereses intervencionistas norteamericanos en la región por sobre la soberanía política ya la independencia económica de los países que componen América Latina y el Caribe.

Por su parte Nicolás Maduro extenderá hasta el próximo 9 de abril la junta de 10 millones firmas con el fin de reclamarle al presiente Barack Obama la derogación del decreto de estado de emergencia. Esto pretende revocar la declaración de su gobierno que considera a Venezuela como una amenaza para la seguridad y la política exterior de Estados Unidos.

Así, desde este jueves se activaron cerca de 14 mil centros en las plazas Bolívar y otros sitios emblemáticos de todo el territorio nacional, donde trabajadores, jóvenes, estudiantes, campesinos, artistas, deportistas y movimientos sociales podrán rubricar sus firmas en apoyo a Maduro y América Latina.

Esta medida también es apoyada desde las redes sociales, ya que personalidades de todo el mundo expresarán su respaldo a Venezuela a través de la cuenta @ObamaDerogaYa (en Twitter e Instagram), y en Facebook: Obama Deroga Ya. La campaña por la anulación del decreto estadounidense se realizará a través de “twitazos” a de fin de promover la etiqueta #ObamaDerogaElDecretoYa.

Al lanzar la cruzada el alcalde del capitalino municipio Libertador, Jorge Rodríguez, calificó la medida de Obama como la más grave amenaza proferida contra su país en 200 años de historia republicana. Más que un dato, resulta toda una declaración de principios.