Martes 14 de julio de 2020
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INTERNACIONAL | 2.20.2020

Una semana de levantamientos contra el racismo en Estados Unidos: “No justice, no peace”

Una historia de opresión, un malestar social amortiguado por décadas, y un crimen que destapó la olla de la paciencia de la comunidad afroamericana. Algunas ideas sobre la profunda crisis social que atraviesa el “Tío Sam”.

Las protestas en reclamo por el asesinato de George Floyd llevan una semana en Estados Unidos, y en la noche de ayer se volvieron a realizar en muchos puntos del país a pesar del toque de queda que regía en unas 40 ciudades.

Manifestaciones pacíficas, marchas, pero también incendios, saqueos y represión policial fueron escenarios comunes en las últimas noches en diferentes distritos norteamericanos. La brutal muerte por asfixia del ciudadano afroamericano a manos de la policía en Minneapolis exhibió de manera cruda la vigencia de una problemática histórica de los Estados Unidos.

El abuso policial que terminó con la vida de Floyd, cuyo video recorrió rápidamente el país y el globo, fue la gota que derramó el vaso entre la comunidad negra y diferentes sectores estigmatizados. A principios de mes, ya había sacudido a la sociedad el escalofriante crimen de un joven afroamericano, que fue atacado a escopetazos por un padre y su hijo (ambos blancos) mientras hacía ejercicio en la calle.

Una sucursal de AutoZone, incendiada por manifestantes.

El asesinato a sangre fría de Ahmaud Arbery en un suburbio de Brunswick, Georgia, fue denunciado por celebridades como un capítulo más en la historia del racismo en los Estados Unidos y motivó una gran campaña de pedido de justicia en redes sociales, poniendo el problema del racismo en el centro de la escena.

Tras una semana, aquellas primeras manifestaciones en Minneapolis, Manhattan y California se expandieron por todo el territorio tomando distintas formas: desde marchas pacíficas hasta desmanes millonarios en las calles, con automóviles y edificios enteros incendiados, así como focos de fuego en las calles. También hubo saqueos, enfrentamientos y represión policial.

Cabe aclarar que algunos de los referentes del movimiento denunciaron la presencia de infiltrados promoviendo situaciones de violencia y provocando las represiones policiales.

Muchas marchas fueron multitudinarias y pacíficas.

De una u otra forma, las jornadas de protestas cobraron seriedad no sólo por los incidentes y destrozos, sino también por involucrar a grandes símbolos institucionales: se han hecho masivos los videos de manifestantes ingresando al capitolio de Ohio, o el de la Casa Blanca en el instante en se apagan sus luces, cuando se encontraba rodeada de activistas.

Pero también hubo otros aspectos, del dominio simbólico, que le otorgan importancia al movimiento social que se está gestando. No todo fueron palos y gases para los agentes policiales, que en diferentes ciudades marcharon junto a los ciudadanos u homenajearon la causa.

En Houston, ciudad natal de George Floyd, la policía se arrodilló junto a los manifestantes, y el jefe del departamento, Art Acevedo acompañó la marcha. Además, solicitó escoltar su cuerpo cuando sea llevado a la ciudad, y resaltó: “queremos asegurarnos de que su familia esté segura, y que el movimiento esté seguro”, según informó CNN.

Art Acevedo acompaña a los manifestantes en la marcha de Houston.

En Nueva York también se vieron policías arrodillados frente a la gente, y en Camden varios agentes (incluido el jefe policial) marcharon uniformados y posaron con consignas y los brazos en alto.

Los levantamientos y puebladas pusieron de manifiesto un malestar arrastrado durante siglos, una opresión que mutó sus formas y ciertamente fue desplazada, pero continúa vigente. Y no es de extrañar que el termómetro político de época refuerce las tendencias conservadoras, con un presidente abiertamente xenófobo y fiel representante de la tradición republicana tradicional.

La polarización política respecto al tema puede jugar un fuerte papel de cara a las elecciones presidenciales que se avecinan: ya sea como reivindicación o con la demonización y creación de un enemigo interno.

La intensidad y la dimensión de las alianzas sociales para rebelarse contra formas de injusticia asociadas al racismo y la estigmatización plantean un futuro inmediato de incertidumbre, que difícilmente sea de paz mientras no haya justicia.