Sábado 15 de agosto de 2020
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EDITORIAL | 8.20.2020

¿La economía sobre la vida, Latinoamérica?

En los países de Latinoamérica, en una región donde el virus Covid-19 llegó luego de su estallido en China y Europa, podemos observar distintas fases de contagios y la implementación de medidas preventivas para combatir el brote. En una primera impresión, está a la vista la efectividad a corto-mediano plazo de las medidas preventivas, sin embargo, por otro lado nos topamos con la irresponsabilidad gubernamental en otros países de nuestra región.

 

¿Acaso no sería el momento indicado para la ratificación frente a la sociedad de los bloques regionales? Hoy más que nunca latinoamericanos necesitamos de instancias regionales efectivas que afronten esta problemática supranacional.

La UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) debe tomar cartas en el asunto y poner en práctica su capacidad de coordinación, sin olvidar a la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), quien tiene una oportunidad histórica de entrar en escena luego de la pérdida de peso y espacio en los últimos 4 años. Este último, tiene la posibilidad de demostrar su capacidad de acción para combatir la pandemia sobre la base por la cual fue creada, del respeto mutuo, el dialogo y la cooperación latinoamericana y caribeña.

Ahora con Alberto Fernández en la presidencia argentina, está llamada a reemplazar con urgencia a la OEA (Organización de Estados Americanos) con la intención de actuar de manera independiente de los Estados Unidos frente a eventuales crisis regionales. No obstante, debemos recordar el contexto geopolítico latinoamericano sobre el que avanzaron las derechas, quizá el mayor obstáculo para emprender otro rumbo.

A raíz de lo reflexionado, también parece importante preguntarse qué está haciendo el Grupo de Lima en esta contingencia. Esta alianza pareciera no estar a la altura de los desafíos históricos que tienen que ver con las preocupaciones reales de la ciudadanía de América Latina.

Alcanza con poner sobre la balanza los casos de Covid-19 detectados en Argentina y Perú, donde los gobiernos de ambos países fueron los primeros del continente en actuar de manera directa en defensa de la vida. “Una economía que se cae se levanta, pero una vida no la levantamos más”, dijo Fernández durante una alocución televisada en la noche del domingo.

Por su parte, el comportamiento de otros países como Brasil, Colombia,  Chile y Ecuador, fue en sintonía con una clara despreocupación de la pandemia que acecha al mundo entero. Brasil, con el ultraderechista Jair Bolsonaro a su mando, sigue acaparando la atención de todo el continente.

No es casual que este lunes, la OCDE le haya pedido medidas de contención en el país debido a que es el más afectado del cono sur con el mayor número de casos: con casi 10 mil confirmados y por encima de los 300 muertos. El presidente brasilero, ha insistido en que todo es una “histeria” y culpa a sus críticos de querer “arruinar” el país. La magnitud de la crisis amenaza incluso su propio cargo.

Por su parte, Ecuador se convirtió en poco tiempo en uno de los países más afectados por el brote. La rápida expansión del contagio en el territorio ya tiene más de 3.163 casos positivos y 150 muertes. Lo desesperante, es el crecimiento de las denuncias de familiares de fallecidos, por la gran cantidad de cadáveres que permanecen apilados en hospitales, domicilios e incluso cadáveres abandonados en varias esquinas, calles y depósitos de basura.

Salvo excepciones, está a la vista que la privatización de los servicios públicos de salud ha llevado a la decadencia de estos. Lo que significó el incumplimiento de las demandas sanitarias básicas de gran parte de los latinoamericanos ya que el acceso está solo garantizado para un sector reducido de la población. ¿Cómo afrontarán esta crisis las 140 millones de personas que al menos viven en América Latina y el Caribe trabajando en la informalidad?

Por ahora, la única certeza posible es la incertidumbre de cómo afectará esta pandemia a cada país de la región. A menos que apareciesen en escena aquellos bloques regionales que supieron velar por los derechos y el cuidado de los latinoamericanos y caribeños, arrojando un dejo de hermandad.