Lunes 10 de diciembre de 2018
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PROVINCIALES | 20.18.2018

Las fábricas recuperadas de la provincia atraviesan una crítica situación y pelean por la supervivencia

Tarifazos, caída del consumo, falta de créditos, apertura de importaciones e insumos dolarizados forma un combo explosivo que pone en riesgo la producción. Están acostumbrados a la lucha contra patronales vaciadoras o gobiernos impopulares pero reciben facturas de luz por más de un millón de pesos y acumulan deudas millonarias. Caída o retraso en los salarios.

Las fábricas recuperadas, administradas bajo el formato de cooperativas, atraviesan una crisis alarmante en la provincia de Buenos Aires producto de la situación económica. No despiden trabajadores y cumplen un rol social en la comunidad. En un mercado que se monopoliza son el primer sector asfixiado por la recesión y no hay políticas que vislumbren un futuro esperanzador.

Facturas que entre luz y gas alcanzan el millón y medio de pesos mensuales les provocan una importante acumulación de deuda con las empresas prestadoras del servicio. "No sabemos hasta cuándo nos van a aguantar", le dijo a este portal Jorge Reisch, trabajador de CueroFlex, fábrica que acumula una deuda de ocho millones de pesos entre ambos servicios.

CueroFlex está ubicada en San Martín, fue recuperada en 2012 y es la única cooperativa que trabaja con cuero reciclado en América Latina. Son ochenta los trabajadores que a septiembre de 2018 cobran el mismo sueldo que en 2017. Es que a la deuda que mantienen por servicios públicos se le suma que la producción cayó un 60% con respecto al año pasado. "Estábamos haciendo un promedio de cien toneladas el año pasado. Ahora cerramos en cuarenta", detalló Reisch.

La materia prima con que trabajan está dolarizada por lo que en el último mes aumentó considerablemente. Lo mismo le sucede a la imprenta Madygraf, situada en Escobar, cuyo principal insumo es el papel, también atado a los vaivenes del tipo de cambio. "La compra del papel nos consume el 50% de la facturación y el último mes, después de la corrida, subió tremendamente", contó a Política&Medios Eduardo Ayala, trabajador de la ex Donelley, recuperada en 2014.

"El cliente no quiere que se le transfiera ese aumento del costo. Entonces, por conservar el cliente, empezamos a perder rentabilidad", agregó. A esta fábrica que emplea 180 trabajadores se le suma una complicación adicional que es la creciente digitalización del material que antes iba impreso. Madygraf está equipada para que sus máquinas realicen ochenta millones de giros mensuales de impresión. Hoy sólo realiza ocho millones. Esto le conlleva un gran consumo de energía y las facturas de luz ya alcanzaron el millón de pesos. La deuda con Cammesa asciende a los 18 millones.

En Madygraf, los trabajadores hoy perciben un salario menor al del 2017. Algo similar ocurre en Textiles Pigüé, que hoy paga sueldos atrasados a los más de 120 trabajadores que emplea. "Nosotros protegemos la fuente de trabajo, somos una cooperativa pero el sector textil siempre es uno de los primeros perjudicados cuando se dan estas políticas", explicó Francisco Martínez, trabajador de la fábrica recuperada en 2004. Es que la apertura de importaciones de productos terminados hace mermar la venta de su producción.

Para Martínez es volver a vivir la situación que experimentó hace 17 años en el 2001, cuando algunos trabajadores fueron despedidos en el marco de la crisis. Hoy sus fuentes de trabajo están protegidas por ser todos miembros asociados a la cooperativa, no tienen deudas con proveedores ni servicios pero entre luz y gas ya se aproximan al monto de un millón de pesos mensuales.

La expectativa para el futuro cercano no es la mejor. Analizan diferentes alternativas pero la falta de previsibilidad las afecta más aún. Por ejemplo. Dos casas de electrodomésticos le encargaron a Madygraf la impresión de folletos con ofertas de compra. Inmediatamente emergió la última corrida bancaria y la folletería terminó en el tacho de la basura porque las empresas cambiaron los precios de las ofertas. "Esto hace que el cliente no imprima más o imprima pero en menores cantidades", contó Ayala.

Otro problema es la falta de acceso al crédito y las tasas de interés que el gobierno ubicó por encima del 60% en medio de la crisis. Algunas fábricas recuperadas planean agregar valor a sus productos o diversificarlos pero eso requiere de fuertes inversiones y "el dinero no se consigue", sostuvieron.

Las fábricas recuperadas cumplen un rol social dentro sus comunidades y los vecinos les brindan su apoyo. Este es el único respaldo que reciben en medio de una crisis económica y la aplicación de políticas que asfixian a las pequeñas y medianas empresas y que tienden a concentrar cada vez más el mercado.